La vida humana no vale demasiado en Rusia, donde se cometen más de 30.000 asesinatos al año, pero, en cambio, el Código Penal y la actitud de algunos jueces convierten a este país, el mayor del mundo, en inusualmente punible la crueldad con los animales. Como en Ufa, una ciudad industrial cercana a los Urales, en la que Yuri Burkov, de 30 años, ha sido condenado a un año de servicio comunal y la confiscación durante ese periodo del 20% de su salario, por matar en marzo a hachazos a un gato sin hogar y sin dueño que vivía en el portal de su casa. Sus propios vecinos, espantados por la brutalidad del crimen, declararon contra él. La sentencia se produjo en aplicación del artículo 245 del Código Penal, que castiga la crueldad con los animales. No es el primer caso. En 1998 hubo dos muy sonados en Moscú. En el primero de ellos, Vladímir Kotov (cuyo nombre significa algo así como El señor Gato) agarró a su animal de compañía por el rabo y lo lanzó por la ventana. El juez le condenó a seis meses de trabajos comunales sin aceptar como atenuante que la víctima se había comido la cena de su asesino, aunque señaló que el hecho de tener la tripa llena alteró la capacidad del felino de girar en el aire y atenuar su caída. Poco después, Alexandr Borisov fue condenado a un año de prisión por apuñalar hasta la muerte al perro de una vecina, en plena pelea de los dos caninos. En 1999, sin embargo, la policía de Novgorod fue más clemente y liberó sin llevarlos ante el juez a dos estudiantes que se comieron el perro de una vecina llamada Galina Berezkina. Los agentes se dejaron conmover por la explicación de los dos chicos: con su beca de 62 rublos mensuales (algo más de 400 pesetas al cambio actual) se estaban muriendo de hambre.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000