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¿Hasta cuándo?

No hay cabeza de persona normal en la que quepa el entendimiento del terrorismo por más que algunos, enfermos y equivocados, se sitúen del lado de los terroristas y griten vivas a la muerte en nombre de su patria, o a la patria en nombre de su muerte, que ya no es fácil saber cuál es el culto que practican. Digo su muerte y quiero decir su muerte, porque muertos a todo lo que no sea su propia sed de sangre están quienes se siguen empeñando en dejar a sus hijos unos cimientos de sangre y terror para el futuro en el que tendrán que avergonzarse de quienes les están precediendo.ETA tiene una patria: la muerte. Es su patria, es su fe, es su aventura, es su trabajo. A un lado está ETA y a otro todos los vascos, a un lado ETA y a otro todos los españoles, a un lado ETA y al otro tienen que estar juntos, fuertes y seguros de su fe democrática todos los partidos políticos. Ésa es su obligación, la de todos, y es cada vez más urgente, más necesario, que los ciudadanos tengamos la satisfacción de verles unidos frente a ETA. Cada vez está más claro para todos que debe trazarse una línea que separe la política de la muerte, del terrorismo, del nazismo que mueve a ETA y sólo a ETA y los suyos.

Andalucía, coronada de olivos, por pacífica, vuelve a sufrir la violencia etarra, es tan injusto, tan brutal, tan incomprensible, tan gratuito como siempre, como cuando se produce en cualquier otro sitio, porque en todas partes la gente se levanta cada día esperando de su vida más vida, más esperanza, más alegría, más futuro. La gente trabaja para la vida, ETA trabaja para la muerte y en nombre de su patria totalitaria y excluyente, agosta esperanzas, deja hijos huérfanos de padres y madres huérfanas de hijos y dolor en todos los héroes de lo cotidiano, los que levantan con sus manos pilares para la vida de los suyos, con más valor, más riesgo y más coraje que quienes, enredados en quimeras patrióticas desesperantes y desesperadas, asolan patrias, almas, ternuras, alegrías, vida... Un día más nos siguen apuntando las pistolas de ETA, ¿hasta cuándo?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000