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Un hombre dinámico

Jon Jáuregui perdió sus piernas a los 22 años y pensó que, si el hombre había llegado a la Luna, él podría caminar

En las besanas de Missouri (EE UU), los dientes afilados de la cosechadora trituraban aquel día un trigal hermoso. Jon Jáuregui Arana (San Sebastián, 1975) - "pero sevillano desde los cuatro años", aclara, enseguida- se acercó demasiado al peine de la máquina y se enredó. Las cuchillas le trituraron las dos piernas. Tenía 22 años. Entonces, durante la media hora que estuvo enganchado en el peine, y sin perder en ningún momento el conocimiento, Jon miró hacia arriba y vio la Luna disimulada bajo el sol. Y cuenta Jáuregui que se dijo: "Si el ser humano ha ido hasta ella, seguro que tendrá también alternativas para mis piernas". Jáuregui estuvo dos meses más en EE UU y de allí volvió con dos prótesis para incorporarse a la Facultad de Biológicas de Sevilla; su quinto curso de carrera no podía esperar más. Los resultados académicos confirmaron su entereza: obtuvo dos matrículas de honor y, el resto, sobresalientes.

Hoy, 13 años después, casado y con dos hijos, una niña de cuatro años y un niño de seis, es el director comercial de una empresa sevillana de suministros de ortopedia. De eso vive, pero, en sus ratos libres, no se arredra con nada. Monta en bicicleta y a caballo, se ha sacado el carnet de buceo, esquía en cuanto tiene ocasión y, por supuesto, pasea. Todo esto, con sus prótesis, que ha llegado a integrarlas en su cuerpo como si formaran parte de él. "Al principio, para poder caminar y adaptarme [una pierna tuvieron que cortársela a la altura del muslo y la otra por debajo de la rodilla] me pasaba el día mirando a la gente para observar los movimientos que hacían al caminar; me miraba en el espejo y en los escaparates; mi mujer me orientaba y me corregía constantemente..." Debió ser muy difícil para él, pero nunca sintió el desaliento. Su secreto es muy sencillo: "Si te caes, te levantas y vuelves a empezar otra

Jáuregui cambia las prótesis de su piernas, o sus componentes, si aparece "algo nuevo" que le sirva para mejorar. "Las que tengo ahora cuestan como un coche", dice, sin atreverse a dar un precio exacto. En cada caso, el precio dependerá de varios factores: no es lo mismo que los componentes sean exclusivos o de serie, que los haga uno u otro artesano, o que la tecnología sea nacional o de importación. "Todo lo que yo llevo puesto es de patente y fabricación nacional", precisa este sevillano de adopción, que asegura que en Andalucía, en este campo, se tiene nivel europeo.Jon Jáuregui, todo energía, al que no le asusta nada, lleva en sus extremidades inferiores, dos verdaderas obras de ingeniería, dotadas de la tecnología más avanzada. Los ajustes son automáticos; esto quiere decir que la pierna ortopédica actuará en función de lo que "capte" su pie dinámico al contactar con el suelo. Los elementos son de fibra de carbono, y el tobillo y la rodilla están articulados. Esto posibilita que la respuesta a los giros, a las irregularidades del terreno, o a los problemas que cualquier superficie plantee en su contacto con el pie, se interprete de forma fidedigna y correctamente. Cerca de la rodilla lleva un microprocesador que, mediante pilas, reconoce la acticividad de la prótesis. De este modo puede subir y bajar escaleras, permanecer de pie y evitar tropezones... "Tú no tienes que pensar en nada, la pierna lo hace todo sola", asegura.

La curiosidad y no tener miedo son dos de sus armas para vencer la minusvalía. Jon Jaúregui Arana insiste en que él, cuando se cae, se levanta, "que es lo que recomiendo a todas las personas que por las circunstancias que sean pierden sus piernas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000