La ciudad no es para él. Su majestuosidad queda ensombrecida por edificios de más de siete plantas que le recortan el horizonte, y su espiritualidad, turbada por el constante ir y venir de vehículos. Nada que ver con la paz que respiran sus congéneres de la isla de Pascua.Nadie había reparado en el estrés del moai de Olot hasta que visitó la capital de la Garrotxa Pedro Edmunds, el alcalde de Hanga-Roa,en la isla de Pascua, quien inmediatamente hizo saber al consistorio olotense que debía buscarse un nuevo emplazamiento para la hierática figura, puesto que los moais tienen alma y necesitan vivir en plena naturaleza.
Los moais de la isla de Pascua llegan a alcanzar una altura de 10 metros y están distribuidos de forma irregular por toda la isla, aunque siempre de espaldas al mar. Forman parte de una misteriosa cultura polinésica ya extinguida.
Sin embargo, el caso del moai de Olot no parece que pueda derivar en polémica, puesto que el Ayuntamiento ya se ha comprometido a buscar un lugar más adecuado para la escultura. Nadie parece dispuesto a que el moai acabe provocando una ruptura de relaciones entre dos ciudades hermanadas y con muchos lazos comunes como es el caso de Olot y Hanga-Roa.
Pedro Edmunds visitó Olot con motivo de unas jornadas internacionales de vulcanología que se celebraron recientemente y participó en un homenaje a Antoni Pujador, un olotense que colaboró en la lucha de los habitantes de la isla de Pascua, dependiente del Estado de Chile, para conseguir un importante grado de autonomía durante la dictadura militar de Augusto Pinochet. Es decir: la isla de Pascua y la ciudad de Olot comparten un pasado reciente de resistencia antifascista y un pasado lejano de ardores volcánicos.
El moai de Olot, sin embargo, no ha viajado desde la isla volcánica situada en medio del océano Pacífico, sino que fue realizado en Cataluña bajo la supervisión de un experto de la isla, y es incluso más resistente que los de la propia isla de Pascua. El material con el que fue construido es el mismo basalto del famoso riscal de Castellfollit de la Roca, con sus casas colgantes.
La alienación del moai se ha convertido en tema habitual de las tertulias de Olot. Unos bromistas llegaron incluso, hace unas noches, a proporcionar a la severa y estilizada figura unos accesorios para ayudarle a tomarse las cosas con más calma y hacerle más placentera su estancia en Olot. Le colocaron un sombrero de paja en la cabeza y le acercaron una caña de pescar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000