Listos, treintañeros, cultos, internautas, hombres, blancos, apasionados, precoces, ambiciosos, amigos, novelistas.Parece un anuncio de contactos, pero son las señas de identidad de los seis magníficos del crack literario mexicano: Jorge Volpi, Eloy Urroz, Nacho Padilla, Vicente Herrasti, Pedro Ángel Palou y Ricardo Chávez.
Los cinco primeros presentaron ayer en Madrid (de paso para el Liber de Barcelona) su ideario y su historia, además de los tres libros que les acaba de editar Muchnik: Paraíso clausurado, de Palau; Diorama, de Herrasti, y Tres bosquejos del mal (sendos relatos de Urroz, Volpi y Padilla).
Y los cinco dejaron en Casa de América su estela de vasta cultura, inteligencia provocadora, cierta arrogancia simpática y accesible y mucho amor a la literatura.
Fueron ellos mismos, gente avisada, y muchos, hoy, respetables críticos y profesores de literatura, quienes pusieron nombre al grupo. Fue en 1995, tras encontrar un editor (Sandro Cohen) que se arriesgó a publicar cinco libros de cinco autores desconocidos de golpe.
En el acto dieron a conocer su manifiesto, un guiño irónico a la tradición rupturista de Eliot o Paz: cayó como un bombazo en los círculos literarios de México.
Demasiada vanguardia para la crítica, que los ignoró del todo: "Se fijaron en los gestos, no en los textos, y no leyeron ni uno de los libros. Un crítico dijo que él no leía en paquetes", recuerda Palou.
Según Luis García Jambrina, profesor en la Universidad de Salamanca de Padilla y Volpi, el crack había nacido como "una reacción natural y espontánea al desgaste del boom lationamericano, al embasuramiento y la banalización literaria".
Para reivindicar un regreso a la literatura con mayúscula: "Ambiciosa, compleja, rigurosa, perpleja, irónica, que trata de explicar el mundo desde el desengaño y el respeto al lector".
Como los del 27, algunos eran amigos desde mucho antes. "En el 87 o el 88", recuerda Eloy Urroz, "estábamos en Preparatoria, a punto de entrar en la universidad, y preparamos una novela grupal que al final se sepultó: Variaciones sobre un tema de Faulkner".
En el 92, Palau y Volpi publican las dos novelas fundacionales. En el 94, Urroz, Padilla y Volpi, que se conocían del colegio, editan juntos Tres bosquejos del mal, "un libro entrañable y germinal".
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La reacción a su insolencia y su desparpajo fue violenta. La solución: el exilio. Herrasti, a Escocia. Urroz, que nació en Nueva York, a Estados Unidos con Chávez. Palau, a la provincia, de donde es, "a recibir los trancazos de todos". Y Volpi y Padilla, a España, a triunfar: en 1999, el primero logra el Premio Biblioteca Breve; este año, el segundo gana el Primavera.
Los éxitos (e Internet) hacen más fuerte al grupo. Hay más contacto entre ellos, más intercambio de textos, crítica mutua "y despiadada". A la vez, atenúa el miedo a estar haciendo "lo mismo" y el rechazo. Ayer, el grupo declara que admite miembros. Y Jambrina dice: "Que lo que ha unido la literatura no lo separe el mercado".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000