Estaba Javier Tomeo alojado en una pensión de un pueblo de la costa cuando sufrió la repentina visita de una fila de hormigas en su habitación. De una anécdota tan habitual como banal nació, sin embargo, una novela, La patria de las hormigas, en la que el escritor aragonés afincado en Barcelona bucea en la soledad de dos hombres, un inquilino y el dueño de la pensión donde se aloja. Ambos están rodeados de presencias que juzgan inquietantes: las hormigas, un ficus enorme, una mancha de humedad en el techo de una habitación y la sobrina del dueño. "Mires donde mires, el mundo está lleno de monstruos", dijo ayer Tomeo en la presentación barcelonesa del libro, editado por Anagrama. "Las hormigas son una manifestación insidiosa de lo que, en psicoanálisis, se llama sombra, es decir, lo oculto, lo que se escapa a nuestra comprensión", explicó. La novela relata las vacaciones de un oficinista, Juan H., en un pueblo de la costa en plena temporada turística. Obsesionado con los colores, de los que conoce todas las interpretaciones simbólicas, se ha trasladado al pueblo equipado con siete camisas de colores distintos, una para cada día, con el objetivo de "ligar". Excéntrico y bebedor, Juan se dará de bruces con la realidad, que le negará el éxito con las mujeres con que se cruza. Por el contrario, establece una relación de amistad con Blas, el dueño de la pensión, "un octogenario simpático y sentimental", según el escritor, que echa de menos a su esposa, recientemente fallecida, y que está obsesionado con las hormigas y con que su sobrina le quiere eliminar.
A juicio de Tomeo, La patria de las hormigas tiene, como toda su obra, dos lecturas. El final de la novela, en el que se apunta el ataque final de las hormigas que acechan a los habitantes de la pensión desde el sótano, queda, en este sentido, abierto: "Los novelistas no tenemos por qué dar soluciones. Lo más importante de una novela es lo que provoca en el lector".
La voz de Tomeo es clara en este sentido: "Me gusta el arte que entraña una cierta deformación. No soy un notario que se detiene en la frontera de los hechos y apunta", afirmó.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000