El túnel ya tiene algo de luz. "Los médicos ya me han dicho que esta semana estaré en casa". Lo dice Jaime Reyes, un novillero que lleva dos mes en el hospital con el alma en vilo por culpa de una cornada. "Temí que perdía la pierna", dice. El 7 de agosto pasado, en Soto del Real (Madrid), un novillo le perforó la rodilla. La herida se prolongó hasta los gemelos. "Y no había manera de cortar la infección", recuerda.
El jueves pasado una nueva intervención hizo que cambiara, ya de forma definitiva, su suerte. "No hay fiebre ni infección y el nuevo injerto parece que no da problemas", comenta con la mente puesta en la recuperación. "Los médicos me han dicho que para enero ya podré andar y hacer ejercicio", dice y añade: "Parece que ya ha acabado todo".Por otro lado, el matador Alberto Elvira continúa con los problemas derivados de la cornada interna que sufrió el 25 de julio del año pasado. Como consecuencia del golpe, un coágulo de sangre bloqueó la vena cava de una pierna. Este fin de semana tenía previsto someterse a una intervención para dilatar la vía obstruida. "No ha podido ser. El médico me ha comentado que está muy taponada y que habrá que intentar otro tratamiento", dice el matador.
"Me duele mucho. El problema que tengo es que si mi corazón bombea cinco litros, le llegan sólo tres de vuelta. Si hago algún esfuerzo el problema se agudiza y el dolor es mayor", comenta Elvira. Su dolencia, sin embargo, no le ha impedido torear este año un total de 17 corridas. "Sí, pero en unas condiciones que no son las idóneas", puntualiza.
Mientras espera el nuevo tratamiento, Alberto Elvira se muerde el labio y aguanta la desesperación como puede: "Ya llevo año y medio sin recuperarme totalmente. Sé que es un proceso lento, pero nunca me imaginé que lo fuera a ser tanto. Es un poco desesperante".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000