Era el 9 de septiembre de 1978. Primera visita oficial de un presidente de Gobierno español a La Habana. Un grupo de periodistas seguían el viaje del centrista Adolfo Suárez, inventor de la UCD. Bromeando nada más aterrizar procedentes de Caracas, José Oneto insistía en la imaginaria misión encomendada a otro colega, Fermín Cebolla de la agencia Colpisa, como emisario encubierto de Amnesty International. Logró enseguida que los compañeros cubanos se interesaran por Cebolla. Despejada la situación, mientras caminábamos hacia el hotel intentamos adquirir el diario Granma. Esfuerzo inútil. Estaba agotado.- ¿Es que hoy venía muy fuerte?, inquirió Oneto al vendedor.
- Sí señor -repuso éste- muy fuerte. Hoy traía discurso doble.
En efecto, cuando al fin los expedicionarios recién llegados, exhibiendo las bolsitas repartidas por Iberia al pasaje y que tanta aceptación popular tenían, conseguimos un ejemplar prestado de Granma con signos evidentes de haber servido a múltiples lectores, pudimos comprobar que se trataba de una edición extra de 8 páginas, en lugar de las 4 habituales, dedicadas íntegramente a la transcripción taquigráfica de un encuentro que el Comandante Fidel había tenido la víspera con algunos miembros del Senado y de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Las páginas se sucedían sin títulos, sumarios ni ayuda alguna a la lectura. Un titular de cinco o seis líneas indicaba que a continuación seguían las preguntas y respuestas sin privilegiar ninguna. A partir de ahí el texto se iniciaban en la columna primera de la primera página y concluía en la última columna de la última. Para alguien ajeno se trataba de una presentación disuasiva para su lectura. Pero allí confirmamos que lo habían devorado en busca de las respuestas de Castro, a las que cada uno intentaba aplicar su descodificador y avizorar el panorama.
Nada que ver nuestro presidente José María Aznar con Fidel Castro. Son dos caracteres, dos estilos, dos regímenes diferentes. Lo mismo cabe decir de los contrastes entre la prensa española y la cubana. Nada que ver, insisto. Porque la lectura de la entrevista de 4 páginas 4, con el presidente, a cargo de las voces más escogidas de la redacción de un diario de tantas afinidades como El Mundo, aparecida el domingo, supo a poco y muchos se sintieron defraudados al comprobar al día siguiente, lunes, que la entrevista carecía de la esperada continuidad en otras 4 páginas más.
Queden para otra ocasión los comentarios a tantas declaraciones, bástenos por hoy reparar en que el titular principal de la página 12 a toda plana es el nombre de José María Aznar y vayamos a las referencias a RTVE. Asumen los entrevistadores "que el Gobierno parece decidido a sanear RTVE" y le preguntan qué modelo de televisión pública quiere. El presidente rehúye el saneamiento y el modelo y responde defendiendo como absolutamente lógica la decisión de pasar RTVE a la SEPI. A continuación dice que "le hemos pedido que nos haga un inventario de la situación actual". ¿Será posible que después de casi cinco años, cuatro directores generales y cientos de miles de millones más de incremento de la deuda, desde que ganaron las elecciones del 96 sigamos sin inventario, que no se haya hecho el análisis exhaustivo desde el punto de vista financiero, cuyo resultado quiere llevar al Parlamento? Entonces, los implacables interlocutores, en lugar de darse por satisfechos, insisten en saber cuál es su modelo . Y José María Aznar responde para disipar las dudas: "Tiene que haber una radio y una televisión pública pero sostenible financieramente. No puede haber otro modelo". Los interrogadores indagan si es razonable que RTVE tenga una plantilla de 9.600 personas. Al presidente, dicho así, no se lo parece pero insiste en esperar al análisis de la SEPI. La cuestión inexplicada es por qué habrían de ser pasados por la SEPI los componentes de una plantilla tan escasa que muchas tareas deben subcontratarse. Más aún, cuando todos los partidos han elogiado su profesionalidad y han rehuido denunciar el colaboracionismo necesario que también los de plantilla han prestado para las manipulaciones políticas consumadas por los gobiernos sucesivos desde su fundación. ¿Hubo alguna vez alguien que invocara la claúsula de conciencia incluida en la Constitución?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000