Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Barak aplaza el ultimátum a los palestinos para facilitar los esfuerzos diplomáticos

El Gobierno israelí decidió de madrugada lo que negó ayer todo el día: dar un respiro para la negociación. Tras una reunión del Gabinete, el portavoz, Nacham Shai, anunció que el primer ministro, Ehud Barak, decidió aplazar el ultimátum al presidente palestino, Yasir Arafat, para que éste ponga fin a la rebelión en los territorios autónomos. El Gobierno concede "un nuevo plazo" a petición de "numerosos dirigentes del mundo". Aunque Barak mantiene la opción militar, mostró un cambio de actitud al pedir también a los israelíes que renuncien a la violencia y considerar una reunión con Arafat para acabar con la crisis.

El ultimátum que Barak lanzó hace dos días a Arafat para que pusiera fin a la violencia en los territorios autónomos en un plazo de 48 horas, finalizó ayer por la tarde, al mismo tiempo que se ponía fin a la fiesta religiosa del Yom Kipur (Gran Perdón), la festividad más importante del calendario judío, que ha paralizado el país durante las últimas 24 horas.No obstante, el Gobierno israelí se reunió a las 11.30 de la noche y tras más de tres horas de encierro a puerta cerrada decició dar un respiro a las negociaciones y a la frenética actividad diplomática internacional, que durante todo el día hizo esfuerzos ingentes para evitar un enfrentamiento total entre las dos comunidades. "Actuaremos para intentar que vuelva la calma en lo que a nosotros respecta, mientras que también le damos a Yasir Arafat un tiempo adicional para que haga lo que necesite hacer. Existen intensas negociaciones internacionales que nosotros no podemos rechazar o ignorar", dijo el portavoz Nacham Shai.

Horas antes, el lenguaje de las autoridades israelíes no vaticinaba una decisión tan mesurada. "La situación no ha cambiado. No hay signos sobre el terreno de que se haya parado la violencia", anunciaba por la tarde el ministro de Seguridad Interior y de Asuntos Exteriores, Shlomo Ben Ami, mostrando su descontento con la respuesta que ha tenido en Arafat el ultimátum lanzado por Barak. El ministro fue mucho más allá y aseguró que por el momento Israel no se sentaría en la mesa de negociaciones o en cualquier otra reunión o cumbre, mientras no cesaran los desórdenes. "Creemos que sólo puede haber una reunión de estas características si previamente cesa la violencia", insistió Ben Ami.

Pero, a medida que se acercaba la reunión del Gobierno, Barak apuntó un cierto cambio de actitud, que, aunque sutil, era muy significativo por la firmeza de las declaraciones anteriores: Barak dijo que no descartaba reunirse con Arafat para poner término a la violencia. Es más, aunque el primer ministro llamó otra vez a los palestinos a acabar con los enfrentamientos, hizo lo propio con su propia gente y les conminó a calmarse.

La mayoría de los observadores y analistas aseguraban ayer que Barak no daría por ahora ninguna respuesta al incumplimiento del ultimátum y que tratará de ver el resultado de las maniobras diplomáticas. No se equivocaron, por el momento. Barak se ve obligado por las mismas razones diplomáticas a dejar en suspenso la amenaza vertida contra Líbano y Siria, por sus implicaciones políticas en el secuestro de los tres soldados israelíes por guerrilleros fundamentalistas de Hezbolá. Los observadores vaticinan que este frente también permanecerá abierto en espera de que las transacciones de canje lleguen en las próximas horas a buen puerto.

Sobre la mesa del Consejo de Ministros, pendiente de resolución oficial, se encuentra también la hipotética formación de un Gobierno de unidad nacional, en el que en principio participarían todas las formaciones políticas incluidas el partido nacionalista Likud. Barak ha llevado a término los primeros contactos, sin olvidarse de Ariel Sharon, el jefe supremo del Likud, responsable de haber provocado la oleada de violencia con su visita del pasado 28 de septiembre a la Explanada de las Mezquitas.

La hipótesis de sentarse en la misma mesa junto con Sharon por ahora parece sólo repeler al ministro de Justicia, Yosi Beilin, uno de los grandes defensores del proceso de paz. "Es cierto que hay que ampliar el Gobierno pero no haciendo entrar a gente que ha sido siempre hostil a los Acuerdos de Oslo y sólo soñaban con abrogarlos", recalcó..

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000

Más información

  • El primer ministro israelí no descarta reunirse con Arafat para acabar con la violencia