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El odiado hijo de Milosevic está en paradero desconocido

La suerte de Marco, el hijo del ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic, odiado por buena parte de sus compatriotas tras haberse enriquecido a la sombra del poder de su padre, se está convirtiendo en el argumento de una novela de misterio. Sin que ni siquiera se hubiese producido la confirmación oficial de que Marco llegó a Moscú el pasado sábado, ayer por la mañana se informó de que volaba rumbo a Pekín, junto a su mujer y su hijo. Horas después, un directivo de la compañía rusa Aeroflot en Pekín aseguraba que, a causa de supuestos "problemas de visado", Marco era devuelto a Moscú. Aparentemente, las autoridades chinas, que ya han reconocido a Vojislav Kostunica como jefe de Estado, no querían darle un motivo de irritación. Pero el culebrón no terminó ahí. Primero, fuentes del servicio de guardafronteras aseguraban que, a su llegada a Moscú, Marco Milosevic podría decidir por sí mismo si permanecer en la capital rusa o volar a Belgrado o a algún otro destino.

A la hora de la verdad, ningún pasajero del vuelo 570 de Aeroflot procedente de Pekín que respondiera al nombre o aspecto de Marco Milosevic cruzaba el control de pasaportes del aeropuerto Sheremétievo 2. Los periodistas que estaban al acecho se quedaron con tres palmos de narices. Un portavoz de los guardafronteras añadía luego más confusión al asunto al dar a entender que, en teoría, nada impedía que Marco estuviese en tránsito.

Felicitación a Kostunica

Entre tanto, Vladímir Putin enviaba una felicitación formal a Kostunica por su acceso a la presidencia y le prometía que Rusia seguirá siendo un amigo fiel de Yugoslavia y hará cuanto esté en su mano para reintegrar plenamente al país balcánico a la comunidad internacional y hacer que se levanten las sanciones exteriores. Como ya hizo en su mensaje del 6 de septiembre (cuando evitó reconocer abiertamente a Kostunica como presidente), Putin prometió su apoyo a la "dignidad nacional, soberanía e integridad territorial" de Yugoslavia, reducida a dos de las seis repúblicas que tenía en tiempos de Tito (Serbia y Montenegro).

También el ex presidente Borís Yeltsin, que en estos días rompe un silencio de más de 10 meses para hacer publicidad de su tercer libro de memorias, se sumó al generalizado apoyo a Kostunica en declaraciones al semanario norteamericano Time. Hace un par de semanas, señala, se reunió con su sucesor, al que mostró su deseo de que hubiese una democracia auténtica en Yugoslavia, pero recalcando que eran sus habitantes quienes tenían que elegir por sí mismos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000