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Siete años para nada

Desde mediados de 1993, año en que nació, la Operación Chamartín ha muerto y resucitado varias veces. El megaproyecto consiste, a grandes rasgos, en colocar un techo sobre el haz de las vías del ferrocarril de la estación de Chamartín para poder construir encima viviendas, oficinas y parques y extender la Castellana más de tres kilómetros hacia el norte. Para ello el Gobierno convocó un concurso que ganó Argentaria con el proyecto del arquitecto catalán Ricardo Bofill. Se aventuró un plazo de 11 años, con una inversión de 130.000 millones de pesetas. El proyecto original preveía la construcción de 5.000 viviendas; el ex ministro de Fomento, Rafael Arias-Salgado, dobló la apuesta y propuso construir 10.000. Las pugnas políticas entre el Ayuntamiento, la Comunidad y Fomento no han hecho otra cosa que paralizar las obras, a pesar de que las tres administraciones son del mismo partido (PP).Se impulsó en 1997, con fotografías y champaña, pero aún no se ha puesto ni una piedra. Chamartín sigue condenada al fracaso o, por lo menos, a la inmovilización.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000