La vida de Luis Gaviria (Madrid, 1941) se construye día a día con retazos de los países que visita. Hoy está en Ruanda, después en Kosovo, luego en Venezuela y más tarde en Angola. Así han transcurrido ya 26 años desde que decidió cultivar su vocación social y dedicarse a la cooperación internacional. Gaviria trabajó una larga temporada en una empresa privada y al principio combinaba las dos actividades, pero después prefirió permanecer en este campo, muchas veces plagado de dramas, aunque también de esperanzas. "La satisfacción siempre es mayor", dice. La más reciente misión de Luis Gaviria ha sido en Kosovo, en Mitrovica, como oficial electoral y representante de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, OSCE. P. ¿Qué despertó su vocación altruista?
R. Me he preguntado eso muchas veces. Yo creo que es una vocación social, pero también es la necesidad de conocer nuevas culturas y viajar.
P. ¿Qué le ha impresionado más de todos los viajes que ha hecho?
R. El ser humano. Tenemos los mismos intereses en todo el mundo, las mismas inquietudes: el amor, la muerte. Cosas que están por encima del color de la piel y por encima de la religión. Es ahí donde te das cuenta de que las razas no existen.
P. ¿Qué es lo más difícil de su trabajo?
R. Es realmente difícil tener que contemporizar tus sentimientos en cada situación a la que te enfrentas. A veces negocias con criminales y aun así tienes que mantener el tipo.
P. ¿Hay muchos españoles haciendo esta clase de misiones?
R. Bastantes. Unos son promovidos por la Oficina de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores y otros los propone la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Oficina de Voluntarios de Naciones Unidas.
P. ¿Qué sensación le produce volver a Madrid tras esos largos viajes?
R. Es difícil ir a otros países, pero más difícil es volver aquí. Cuesta adaptarse a nuestra sociedad. Es que cuando vives en países pobres te das cuenta de que puedes ser feliz sin muchas cosas materiales. Yo creo que nos complicamos tremendamente.
P. ¿Ha estado muchas veces en peligro de muerte?
R. Yo he estado en peligro en varias ocasiones. Sobre todo en Ruanda, pero también lo estuve en Angola. Allí nos quisieron fusilar. Tuvimos que demostrar que no éramos criminales.
P. ¿Cuándo sintió más miedo?
R. En Ruanda. Allí me hicieron evacuar de emergencia en el 96. Fallecieron tres españoles de Médicos del Mundo y dos compañeros míos de Naciones Unidas.
P. ¿Y por qué sigue?
R. Por vocación.
P. ¿Cuál será su próxima misión?
R. En Costa de Marfil a finales de octubre.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000