De la mano de las reformas y la reconciliación histórica que pregona, Aleksander Kwasniewski, un antiguo comunista reconvertido en socialdemócrata, no ha necesitado segunda vuelta para ser reelegido presidente de Polonia. Su aplastante victoria es la de un país que quiere dejar de mirar al pasado para volverse hacia el futuro. Kwasniewski representa este impulso. A punto de cumplir los 46 años, fue el principal impulsor del ingreso de su país en la OTAN y ahora ha definido como eje de su segundo mandato quinquenal la entrada en la UE, lo que requerirá tesón y paciencia, pero que resulta el único camino razonable para Polonia. Pendiente está también el deshielo de las relaciones con Rusia, que se puede ver facilitado por el guiño de Putin al aceptar la invitación de Kwasniewski para una visita oficial a Varsovia. El resultado debilita al Gobierno con el que Kwasniewski cohabita desde 1997, formado por el bloque en torno a Solidaridad, el antiguo sindicato obrero transformado en un partido que milita en la derecha. Su líder, Marian Krazlewski, sólo ha llegado en tercer lugar en las presidenciales, por detrás de un candidato independiente liberal. El bloque de Solidaridad paga así una política populista, especialmente con su agitación antieuropeísta y unas tendencias revanchistas que los polacos han demostrado rechazar. También ha desempeñado un papel el escaso peso político del primer ministro Jerzy Buzek. El resultado de las presidenciales debe favorecer a los socialistas si, como parece previsible, se adelantan las elecciones, que han de celebrarse, como tarde, a finales de 2001.
Si espectacular ha sido la victoria de Kwasniewski, patética resulta la derrota del antiguo líder de Solidaridad, Lech Walesa, al no alcanzar siquiera un 1% de los votos. Walesa, que desempeñó un papel único en la revolución democrática en Polonia y en el conjunto de la Europa del Este, no ha sido capaz de reconocer su sitio en la historia. Ha intentado prolongar su presencia política y se ha equivocado una vez más. Polonia, que le eligió presidente en las primeras elecciones democráticas, es un país dinámico que mira al futuro y considera que Kwasniewski es quien mejor lo representa en la reconciliación y modernidad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000