Los pobrecitos diputados y diputadas del PP y del PSOE, que cobran más de medio millón de pesetas al mes por apretar un botoncito de martes a jueves, reclaman un aumento salarial porque parece que no llegan a fin de mes. Son las mismas señorías que votan un salario mínimo 10 veces inferior al suyo, cuando en la mayoría de países europeos esa relación es de 1/4 o 1/5. Este empeño elitista por aumentar el sueldo a un colectivo de por sí privilegiado, cuando la credibilidad del Parlamento y de los partidos está por los suelos y cuando la izquierda pretende volver a ser de izquierdas, no es sólo un escándalo, es un suicidio político.- .
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000