El Euskobarómetro revela que las dos únicas fuerzas que han logrado el aprobado en la campaña electoral han sido la coalición PNV-EA, con su candidato Juan José Ibarretxe, que logra la puntuación más alta (52%), y Ezker Batua (EB-IU). Por contra, Jaime Mayor Oreja, candidato de PP-UA, consigue la valoración más negativa (58%), seguido de la coalición EH y Arnaldo Otegi, con un 56%. Ibarretxe aparece para los encuestados como el gran triunfador de los comicios vascos.
El voto del pasado 13-M ha sido meditado y se ha realizado 'con entusiasmo'. Sólo uno de cada diez vascos ha tenido dudas y uno de cada cinco ha tomado la decisión durante la campaña. Pero los argumentos de la elección han sido muy diferentes. La razón principal para votar a PNV-EA ha sido que se presentaba como la mejor garantía para la gobernabilidad, para la pacificación y para evitar una mayoría constitucionalista. Los que votaron a la coalición PP-UA lo hicieron por entender que era la oferta que mejor garantizaba la seguridad y la libertad y por el liderazgo de Mayor. En el caso de EH, porque sus votantes creían que era la coalición que mejor defendía la soberanía y la autodeterminación. Y en el caso de Ezker Batua (EB-IU), porque ha calado su mensaje de moderación, su apuesta por romper la política de bloques y ante la posibilidad de que pudiera entrar en el Gobierno. La única formación que ha concitado un apoyo por la mera identificación partidista es el PSE-EE, algo que contrasta con las acusaciones de 'seguidismo' del PP que han sufrido los socialistas vascos.
Los resultados electorales han incrementado la división entre nacionalistas y no nacionalistas, al tiempo que se ha producido una 'cierta desmovilización' de las opciones constitucionalistas, muy activas el año pasado, ante la percepción de que por primera vez era posible desalojar del Gobierno vasco a los nacionalistas.
El sociólogo Francisco Llera apunta como posibles explicaciones de esa desmovilización la especial 'dureza' de la campaña electoral -donde los partidos constitucionalistas y los grupos cívicos afines (Basta Ya, Foro Ermua) echaron el resto-, lo que al final ha podido ser contraproducente, el incremento del miedo ante la persistencia de ETA y la violencia callejera y la propia victoria de la coalición nacionalista.
La fórmula de gobierno preferida por la mayoría y la realidad no van de la mano: el 30% prefiere un gobierno nacionalista, que incluya a EH. Para el 15%, la mejor opción es una coalición entre socialistas y nacionalistas moderados; mientras que el fracasado intento de tripartito PNV-EA-IU sólo era preferido por el 12% y el gobierno de concentración, por el 7%.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001