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Reportaje:

'Los mejores días de nuestra vida están por venir'

Un año después de su elección, José Luis Rodríguez Zapatero ve a todo el PSOE volcado en ganar el futuro

'Un billete para León'. '¿Usted es Zapatero?' 'Sí'. '¿No tiene quien le lleve en coche?' 'Se va bien en tren y en autobús'. Este pequeño diálogo lo mantenía el diputado socialista José Luis Rodríguez Zapatero el domingo 10 de junio del pasado año en la taquilla de autobuses Alsa de Madrid. Iba a su casa después de haber estado viernes y sábado en Valencia en reuniones con militantes y dirigentes socialistas de esa federación, explicándoles que formaba parte de un grupo, Nueva Vía, dispuesto a competir en el Congreso Federal, el 20 de julio, por tener el apoyo de la mayoría del partido.

La empleada de la taquilla le había visto en los últimos días varias veces en televisión. Todavía no había dado el paso de encabezar el proyecto y, por tanto, de entrar en liza para batirse en votos con José Bono, Rosa Díez y Matilde Fernández. El anunció lo hizo 15 días después, en León. 'Desde la lealtad, desde la convicción y la pasión por mis ideales, con humildad pero con resolución, estoy dispuesto a entregar lo mejor de mí mismo para dirigir al PSOE en una nueva etapa'.

'¡Pero si parecéis salidos de un anuncio de El Corte Inglés!', les dijeron en el PSOE de Andalucía

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Un año después, Zapatero, desde el despacho de secretario general en la madrileña calle de Ferraz, asegura que se siente con 'mucha más fuerza' que cuando fue elegido, porque ha recibido 'más aliento que sinsabores'. 'Hoy es mucho más cierto que hace un año, cuando dije en la clausura del Congreso que los mejores días de nuestra vida están por venir'.

En autobús, en tren, en coches de compañeros y a veces en el suyo propio, Zapatero recorrió todas las federaciones de su partido explicando que 'la buena nueva' podría llegar al PSOE tras el batacazo electoral de marzo. 'Sólo dos secretarios generales me manifestaron su apoyo: Emilio Pérez Touriño, de Galicia, y Francesc Antich, de Baleares. Los demás o no me decían nada o reconocían que no iban a apoyarme... Pero todos fueron cordiales, sobre todo los militantes. En los coloquios notaba que simpatizaban con lo que decía, con independencia de lo que fueran a votar... Creo que fue un Congreso ejemplar, limpio, muy libre, y lo fundamental fue que vi alegría en las caras de los compañeros que no me habían votado'.

Un año después, sigue viendo la misma actitud de apoyo en las decenas de mítines y actos que ha protagonizado. 'Ser secretario general es convertirse en un mitinero de profesión', apunta como una de las sorpresas de su nuevo trabajo. De esos actos en los que invariablemente es besado y abrazado retiene los rostros de los militantes e incluso comentarios que escucha al pasar hacia el estrado: 'Éste sí, éste sí'. Tantas ganas de que las cosas le vayan bien le emociona y no ahorra elogios a los militantes.

Un año atrás recorrió casi dos veces las federaciones arrastrando su maleta roja. Analizaba las reacciones que había suscitado su discurso y el coloquio posterior. Así fue en Barcelona, en Cáceres, en Mérida, en Sevilla, en Málaga, en Granada, en Zaragoza..... En todos los actos le examinaban. Y la ola a su favor iba creciendo. '¡Si parecéis salidos de un anuncio de El Corte Ingles!'. Esta frase del secretario general del PSOE de Jaén, Gaspar Zarrías, el pasado 15 de julio, al ver llegar a la sede del partido a Zapatero y a Trinidad Jiménez, la recuerda el líder del PSOE con una carcajada. Bueno, pero esa consideración estética no quería decir que Zarrías y el poderoso aparato andaluz apoyaran a Zapatero.

'José Luis, tiene buena acogida, somos amigos, pero no nos podemos bajar del autobús de Bono', le dijo Alfonso Perales, consejero de gobernación de la Junta de Andalucía y amigo de Zapatero tras años de convivencia en el Congreso de los Diputados y en la Ejecutiva Federal. No, los máximos dirigentes del PSOE no apoyaban a Zapatero.

¿Y Felipe González? 'Nunca, nunca me dijo que me presentara; nunca, nunca me dijo que me apoyaba. Nunca se lo pedí, porque desde el primer momento me di cuenta de su actitud. Es tu decisión, me dijo'. La primera vez que Zapatero habló en privado con Felipe González fue el 20 de abril del pasado año, Jueves Santo. Después tuvo otras entrevistas. 'Pero muchas más tuvo Felipe con Bono', aseguran en el entorno de Zapatero.

Por tanto, no tenía el apoyo de González, asegura, tampoco de los barones y, sin embargo, él y su equipo iban comprobando cada día que los delegados podrían inclinarse a su favor. Es verdad que Zapatero tardó en decidirse, para desesperación de sus compañeros de Nueva Vía.

'A primeros de junio el núcleo duro de Nueva Vía tuvimos una reunión en un despacho de los Grupos Parlamentarios y repartí responsabilidades a Jesús Caldera, a Pepe Blanco, a Trini Jiménez, a Antonio Cuevas, a Jordi Sevilla, a Juan Fernando... Observé sonrisas de satisfacción porque todos entendieron que aceptaba encabezar el proyecto', recuerda Zapatero. Pero no hubo un pronunciamiento oficial de su candidatura. 'De manera natural todos supimos desde el primer momento que José Luis debía ser el líder', recuerdan los suyos. 'Trini empezó una campaña muy intensa, hubo una encuesta de la agencia Efe entre el Grupo Parlamentario que me destacaba junto a Micaela Navarro y a Manolo Marín, y José Andrés Torres Mora ( su jefe de gabinete) me dijo que debía ser yo', rememora Zapatero.

Pero en ese tránsito aparece, según su propia versión, tan seriecito y responsable como ahora, nada de alegrías ni demagogia. 'Cada palabra que decía a los compañeros estaba medida, porque sabía que podía ser secretario general y se me iba a pedir que cumpliera lo que decía'. Y lo que dijo en su presentación en León el 25 de junio, casi un mes antes de ser elegido secretario general, apareció en su discurso de presentación y en sus propuestas como secretario general.

Respeto al pasado del partido: 'Como dijo Ortega y Gasset, partir de cero no es sólo inconveniente, sino además imposible', dijo en León citando a Pablo Iglesias, Indalecio Prieto, Julián Besteiro, Ramón Rubial, y elogiando la 'tarea de Felipe González' y declarando su 'reconocimiento' a Joaquín Almunia. Pero enseguida el futuro: 'Nada podemos olvidar, nada queremos que borre el tiempo en nuestros corazones, pero nuestra mirada busca la vida nueva', leyó en León citando al poeta de esa tierra Eugenio de Nora. En ese discurso se habló de la inmigración, de los nuevos emprendedores, de la necesidad de un Estado ágil con capacidad para que la situación económica de cualquier persona no sea freno para que pueda desarrollar su potencialidad...

'Lo que haya salido mal en este año es de mi completa responsabilidad, sólo he recibido afecto de mi partido y ganas de que las cosas nos vayan bien; incluidos, por supuesto, los barones, como la prensa los llama', dice Zapatero.

Vivir en primera fila le hizo ver desde los primeros días el dolor que produce el terrorismo. Zapatero asumió de golpe su condición de número uno cuando una semana después de ser elegido recibió las condolencias del Rey por la muerte de una persona de su partido: Juan María Jáuregui, asesinado por ETA. 'Sólo la idea de tener que pelearme con el Gobierno por el terrorismo me produce repugnancia moral', dice en el tono más grave posible.

Por eso pidió y consiguió ese pacto. Ya lo solicitó en su discurso de clausura, junto al de Inmigración. 'Del Gobierno en este año tengo dos quejas fundamentales: no haber tenido altura de miras para afrontar con los socialistas el fenómeno de la inmigración y la forma en la que han llevado, con imposición y sin diálogo, el Plan Hidrológico'. Este plan también ocasionó el 'único problema' interno en la dirección del PSOE, por la disparidad de posiciones entre responsables regionales socialistas. 'Es el asunto que más esfuerzo ha requerido para encontrar una posición común', señala.

Con mucha tranquilidad, al menos eso aparentaba, llegó Zapatero hace un año al congreso de su partido. 'La noche anterior los compañeros que apoyaban a Bono hicieron correr el rumor de que ganaban y así se lo dijimos a José Luis', recuerda Álvaro Cuesta, responsable de Ciudades y entonces uno de los pocos socialistas asturianos que no sólo apostaron por Zapatero, sino que hicieron campaña activa. 'Yo tenía una gran tranquilidad personal porque estaba preparado para perder, eso sí, satisfecho porque habíamos hecho un trabajo digno', recuerda ahora.

'Te la juegas en el discurso', le dijeron sus compañeros. Lo pronunció y el aplausómetro hizo que resurgiera la esperanza del triunfo. Mientras se votaba, Zapatero fue a comer unos pinchos al lado del Palacio de Congresos. A las cuatro y diez Álvaro Cuesta, que almorzaba frente a él en una mesa corrida con amigos de distintas federaciones marcó el número de teléfono de una persona que estaba en la sala donde se hacía el escrutinio. 'Díselo tú'. Zapatero tomó el móvil y el comunicante, con cierta emoción, le dijo que había ganado por nueve votos.

El 'cambio tranquilo' que propuso Zapatero tuvo una réplica 'inteligente, como siempre', de Alfredo Pérez Rubalcaba, entonces dispuesto a apoyar a José Bono, pero con gran afecto hacia Zapatero. 'Alfredo nos respondía con otra frase 'el cambio, ni tranquilo', y en la víspera de la votación Pepe Blanco se cruzó con él y continuó el juego: 'Tranquilo, habrá cambio', cuenta divertido Zapatero. Nada más ganar, telefoneó a Rubalcaba para decirle que quería contar con él para el 'cambio tranquilo'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001