Zapatero ha estado acompañado de una sombra casi imperceptible, su mujer. 'Ha acompañado muy bien el cambio de vida', asegura. Le acompañaba hace un año, cuando recibió la noticia de que había ganado por nueve votos. Entonces miró a Sonsoles, rígida, casi muda, con un velo de preocupación y tristeza. 'Entramos juntos al Congreso y se nos vinieron encima muchas cámaras y hubo un gran estrépito, la pisaron, la empujaron y vi su cara de espanto'. Un año después, todo está mucho mejor.
También hace una semana, desde un lugar discreto, esta profesora de música y licenciada en Derecho asistió a la primera gran prueba de su marido desde aquél congreso: el Debate del Estado de la Nación. Estuvo sonriedo todo el tiempo. 'Todos estábamos mucho más nerviosos que él, otra vez a mí y a otros compañeros nos volvió a sorprender su tranquilidad, como en el 35º Congreso. Aunque seguro que estaba en tensión no lo aparentó en ningún momento', señala Álvaro Cuesta. La 'tranquilidad psicológica' embargó a Zapatero tras su primera intervención, tanta, tanta que la tensión que hubiera requerido para la réplica no llegó a tiempo. 'Sé que podré estar mejor en la réplica del debate del próximo año', apunta como objetivo para 2002. Pero muy tranquilo.
MÁS INFORMACIÓN
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001