La idea de acabar políticamente con Arafat no es nueva, pero ahora parece contar con el apoyo del Ejército y de todos los ministros del Gobierno israelí, con la única excepción del responsable de Asuntos Exteriores, Simón Peres, para quien Arafat continúa siendo el único 'interlocutor válido para negociar la paz'. La comunidad internacional ha advertido a Israel sobre los peligros que entrañaría llevar este plan a la práctica.
Los delirios bélicos de Sharon, que en 1982 recomendó y dirigió la invasión de Líbano como única manera de acabar con el acoso de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y con su máximo líder, Yasir Arafat, han resucitado con fuerza durante estos últimos meses. La consigna, lanzada por el ex general a las pocas semanas de hacerse cargo del poder, anunciando que el presidente palestino 'no es la contraparte adecuada' para las negociaciones de paz va poco a poco consolidándose en medios políticos israelíes.
Esta labor de zapa personal de Sharon contra Arafat, que cuenta con el apoyo silencioso del presidente norteamericano, George W. Bush -que se niega desde hace seis meses a recibir al presidente palestino en la Casa Blanca-, culminó esta semana en Jerusalén, en una reunión del Gabinete de seguridad, cuando el primer ministro planteó de manera abierta la posible eliminación política del líder palestino. El Gobierno israelí ya había discutido el asunto cuatro meses antes.
Pero, en la reunión del pasado miércoles -dos días antes se había celebrado una asamblea restringida del Gobierno-, Sharon aportó a la mesa algunas ideas concretas para llevar a término su codiciado proyecto; entre ellas, el mencionado documento encargado al Shin Beth por el entonces primer ministro, Ehud Barak, el 15 de octubre de 2000, 16 días después de que estallara la Intifada, titulado Arafat, obstáculo o ayuda, en el que se asegura, a modo de conclusión: 'Yasir Arafat constituye una grave amenaza para la seguridad del Estado. Los peligros que entrañaría su eventual desaparición de la escena son menores que los provocados por su presencia'.
El documento, cuya existencia fue desvelada ayer por el periódico Maariv, recoge en su primera parte los cuatro argumentos principales según los cuales Arafat es imprescindible:
- Ha sido reconocido por Israel.
- Se ha comprometido en el proceso de paz.
- Representa la autoridad suprema palestina.
- Su desaparición supondría el acceso al poder de islamistas o prosirios.
Pero a continuación, en la segunda parte, desgrana otros 17 argumentos a favor de la tesis contraria, entre los que destacan:
- Arafat es un dirigente poco creíble, un mentiroso patológico.
- Es un líder peligroso capaz de 'provocar una deflagración regional'.
- No renunciará jamás a Jerusalén o al derecho de retorno de los refugiados.
La tercera parte del informe analiza las consecuencias, según el Shin Beth, de la desaparición de Arafat: una lucha interna por el poder, que acabaría en manos de las fuerzas laicas y pragmáticas a causa de su superioridad militar evidente sobre los islamistas.
Las conclusiones del Shin Beth sobre el futuro de los territorios autónomos sin Arafat están desfasadas y se contradicen con las valoraciones de los observadores internacionales, quienes auguran el triunfo de los movimientos islamistas, especialmente de Hamás, que en esta segunda Intifada han ido ganando prestigio e influencia.
Ésta es además la conclusión a la que ha llegado Peres, quien en el debate del pasado miércoles advirtió a sus colegas de que detrás del líder palestino podría venir 'algo peor'.
'¿Qué hay peor que Arafat?', preguntó en tono insolente el ministro ultraortodoxo Shlomo Benziri.
'Hamás', replicó contundente Peres.
Las explicaciones de Peres no logran, sin embargo, convencer al Gabinete, especialmente al ministro de finanzas, el nacionalista Sylvan Shalom, que ayer volvía a elucubrar en tono belicoso sobre la necesidad de expulsar a Arafat de la zona autónoma con una operación militar, de la misma manera que un día el propio Sharon le obligó salir de Beirut y recuperar así además los territorios perdidos.
'Desafío a Sharon y a sus soldados a hacerlo', contestaba desde Gaza uno de los dirigentes de Hamás, Ismail Abu Chanab, cerrando más que nunca filas en torno al presidente Arafat, a pesar de todos sus desacuerdos y enfrentamientos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001