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La larga marcha hacia los Juegos Olímpicos de Pekín

'Cuando imagino Pekín dentro de siete años, veo un montón de estadios, espacios verdes y gente de todos los rincones del mundo paseando, divirtiéndose, sonriendo y riéndose', asegura Li Bin, una guía del comité pro Juegos Olímpicos de la ciudad.

Las esperanzas de la señora Li son grandes porque, a poco más de una semana de la reunión del Comité Olímpico Internacional (COI) para decidir dónde van a celebrarse los Juegos de Verano de 2008, Pekín se halla a la cabeza de las aspirantes. Pero, como resulta evidente, la oferta de la capital china es aún en gran medida un ejercicio de imaginación. A diferencia de sus principales rivales, París y Toronto, Pekín carece de la mayoría de los estadios, carreteras y otras infraestructuras que necesitará para albergar los Juegos. Más en profundidad, la China de 2008 (democrática o autoritaria, pacífica u hostil, fuerte o débil) está aún construyéndose.

Éste es el doble reto que plantea la candidatura de Pekín: visualizar un frenesí constructor que rivalice con el levantamiento de la Gran Muralla y prever de qué forma las reformas económicas y las presiones sociales cambiarán este país y su Gobierno en los próximos siete años.

Controversia

La oferta de Pekín suscita controversia porque la gente discrepa tanto sobre en qué clase de lugar se está convirtiendo China como sobre el aspecto que tendrán los Juegos de Pekín. Quienes se muestran críticos con su historial de derechos humanos temen que se repita la experiencia de 1936 en los Juegos de Berlín, que Adolf Hitler utilizó como instrumento de propaganda. En su opinión, el prestigio de convertirse en sede de la cita olímpica daría un impulso de legitimidad al Gobierno comunista que continúa reprimiendo a su población. Sin embargo, otros recuerdan los Juegos de 1988 en Seúl y argumentan que la exposición internacional que supusieron ayudó a impulsar la transición a la democracia en Corea del Sur. Podría ocurrir lo mismo en China.

Ninguno de los dos argumentos es especialmente popular en China, cuya población apoya de forma generalizada la candidatura. Una encuesta de Gallup encargada por el Gobierno muestra que el 94,9% de la opinión pública la respalda. Los sondeos del propio COI han encontrado un apoyo mayor incluso. Por comparación, el COI dice que sólo dos quintos de los franceses respaldan la candidatura de París y un número similar de canadienses la de Toronto.

Mientras algunos chinos creen que los Juegos impulsarán el cambio político, muchos aseguran que desean obtener la sede por una cuestión de orgullo nacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001