Con José Antonio Redolat todo ha sido cuestión de ajustes, primero físicos, luego psicológicos, hasta modelar el mediofondista que encabeza el ránking nacional de 1.500 metros (3.31.21 minutos). No hace dos temporadas, era un atleta débil que lograba mejores tiempos de lo que permitía su salud. Al borde de la anemia, con 38 de hematocrito, 3,9 millones de glóbulos rojos y unos pobrísimos indicadores de hierro, conseguía con cierta regularidad marcas en torno a 3.35 minutos. "Eso me dio que pensar", dice Andrés Mayordomo, su entrenador de toda la vida, que puso a Redolat en manos de un especialista en dietética. No probaba la verdura, la fruta, ni las legumbres. La respuesta del atleta fue espectacular: en unos meses se transformó en uno de los mediofondistas punteros de Europa. En la reunión de Roma, el pasado año, corrió en 3.31.48m. Sin embargo, el registro no fue suficiente para darle la confianza necesaria en una prueba que comenzaba a explorar.
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Redolat, que procedía del 800, se encontró de lleno con el conflicto que generó la exclusión de Reyes Estévez del equipo olímpico. Aunque disponía de la mejor marca española del año, el atleta valenciano fue designado desde algunas trincheras como el usurpador de la plaza de Estévez. Se le veía como un intruso en la distancia y esa percepción acabó por incorporarla en los días que precedieron a los Juegos. Superados los problemas físicos, llegaban los psicológicos. En Sydney fue eliminado en las semifinales, tras una carrera mediocre que reveló el lado débil de Redolat.
A principios de temporada, se trasladó a Galicia. Se dijo que iba a entrenarse, pero la realidad era otra: se puso en contacto con Joaquín Dosil, un psicólogo que conoce los trucos del atletismo por su condición de fondista. El efecto ha sido visible. Redolat no es el mismo atleta que pedía perdón por ganar a los mejores españoles. En el campeonato de España venció con autoridad y mala uva a Andrés Díaz y Reyes Estévez. Por fin dejó de sentirse un intruso. Sólo le falta repetirlo en los Mundiales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001