Son las doce del mediodía y Rose acaba de entrar en Qwark International, una tienda de la Tercera Avenida que vende material de seguridad y vigilancia. El escaparate es llamativo, incluso siniestro: un maniquí con mono de plástico y máscara antigás sostiene un cartel rectangular de Manhattan antes de los atentados, con las dos Torres Gemelas iluminadas. Rose ha venido a preguntar cuánto cuestan las máscaras, después de ver los bombardeos en la CNN. No es un caso aislado: muchos ciudadanos tienen miedo a que el ataque en Afganistán comporte nuevos actos terroristas en EE UU.
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"Éste es el modelo estándar del Ejército israelí", explica el vendedor, "es superior al modelo americano. Sirve para ataques nucleares, biológicos y químicos. Es muy fácil de poner, sólo hace falta ajustar las correas y respirar. Son 250 dólares (unas 45.000 pesetas)". Es demasiado caro para Rose: "Vine para informarme porque pienso que puede haber represalias después de los ataques, pero aún así no me lo puedo permitir". Iceberg, una tienda del Soho de material militar, ha vendido 3.000 máscaras en el último mes y tiene pedidas otras 2.500. "No damos a basto", dice Joe, el encargado.
Los neoyorquinos tienen miedo. Han comprado hasta vacunas contra el ántrax, pero la inquietud que sienten desde hace un mes se ha infiltrado en las decisiones más anodinas del día a día. "Hace unos días fui a comprarme un lector de CD portátil", dice Mary, "el vendedor me preguntó si lo quería con radio porque ahora todo el mundo tenía que estar más informado por si pasaba algo, y lo compré con radio". Luis y Ana, que estaban en la zona de Wall Street cuando se cayeron las torres, han cambiado sus teléfonos móviles por modelos que incluyen walkie-talkies. "Aquel día no funcionaban los teléfonos. Ahora, si vuelve a pasar algo, podremos estar en contacto".
El miedo en Nueva York se siente en las conversaciones en el metro, en las cafeterías, en los gimnasios... La ciudad vive en estado de alerta: 4.500 militares patrullan los aeropuertos medio vacíos. Los túneles y puentes han restringido su acceso a vehículos que lleven al menos dos personas para evitar atascos en caso de urgencia.
El alcalde, Rudolph Giuliani, se paseó el domingo por Times Square, durante los ataques contra Afganistán, para infundir ánimo a los neoyorquinos.
Alerta a los ciudadanos
Por otro lado, el fiscal general (ministro de Justicia), John Ashcroft, aseguró ayer que 229 personas estaban siendo buscadas por las agencias de seguridad de EE UU por su posible relación con los atentados contra Nueva York y Washington. Desde el 11 de septiembre las autoridades estadounidenses han detenido a 614 personas. "Pido a todos los ciudadanos que sigan manteniéndose muy despiertos ante todo lo que les rodea", afirmó Ashcroft.
Este tipo de recomendaciones no hizo dudar ayer a los pasajeros de un avión que volaba desde Los Ángeles a Chicago que, al ver cómo un hombre intentaba forzar la entrada a la cabina de pilotos, se abalanzaron sobre el sospechoso hasta que lo inmovilizaron. Posteriormente se comprobó que el sospechoso tenía un historial de trastornos mentales pero ninguna relación con los atentados del día 11.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de octubre de 2001