Cuatro millones de musulmanes, la comunidad islámica más grande de Europa, se prepara en Francia para vivir el Ramadán a partir del próximo día 17. 'Vamos a vivir momentos de riesgo', afirma el rector de la mezquita de París, Dalil Boubakeur, médico de profesión y defensor del 'islam de la paz', para quien 'hay una fractura entre los que comprenden el integrismo islamista, porque están siendo trabajados para ello desde hace tiempo, y los que se niegan a aceptar estas locuras mortíferas'.
El riesgo que pesa sobre los 1.500 lugares de culto musulmán en Francia se debe al efecto que pueda tener la extensión del conflicto y a que Bin Laden continúa transmitiendo sus mensajes. 'El peligro es que un hecho violento destruya años de trabajo a favor de la paz', afirma el rector. No es nada difícil, 'sobre todo si la televisión muestra imágenes de matanzas de civiles durante esos días, que son los de mayor religiosidad'.
Un elemento que amortigua las tensiones es el conocimiento de la lengua nacional
'La Marsellesa' fue pitada estrepitosamente en el partido de fútbol Francia-Argelia
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Una mecha es fácil de prender. Un simple partido de fútbol provocó un susto monumental el 6 de octubre pasado, cuando 200 muchachos saltaron al césped del estadio de Francia en medio de Zidane y los demás jugadores que se enfrentaban en el amistoso Francia-Argelia. Un inmenso griterío se alzó en las gradas y el partido quedó interrumpido en el minuto 75. La Marsellesa había sido pitada estruendosamente en los prolegómenos del encuentro, en contraste con las decenas de miles de gargantas que corearon el himno argelino.
Era muy ingenuo pensar que las cuentas de la guerra de Argelia estaban saldadas y que los hijos de los inmigrantes magrebíes se habían integrado hasta el punto de apoyar al equipo de Francia frente al de Argelia. La afirmación de que éste es un país en el que no se distingue a nadie por su origen tiene mucho de mito. La revista Le Nouvel Observateur ha efectuado un sondeo entre jóvenes de 15 a 25 años nacidos en Francia de padres argelinos, tunecinos, marroquíes y de otros países africanos: sólo el 6% se consideran simplemente franceses; el 45% se definen como franceses de origen magrebí o africano. Y no pasan del 14% los que se identifican con la cultura y el modo de vida de los franceses de pura cepa.
Un elemento que amortigua las tensiones es el conocimiento generalizado de la lengua nacional. Gracias a la escuela pública, los jóvenes inmigrantes, entre los que hay ya una segunda y hasta una tercera generación, adquieren un vínculo cultural claro con el país en el que viven, en muchos casos compartido con el idioma de origen de sus padres. La clase media que emerge de entre ellos sirve de colchón a las tensiones, porque su primer objetivo es hacerse un sitio en la sociedad francesa, pero también es más consciente de las discriminaciones: la tasa de paro entre los menores de 30 años con bachillerato terminado es del 15%, pero alcanza el 32% entre los hijos de padres argelinos, según el Instituto de Estudios Demográficos.
Se encuentran personas de rasgos árabes en las recepciones de algunas empresas o de edificios administrativos, pero desaparecen a medida que se van subiendo los pisos. '¿Cuándo habrá en Francia un general, un prefecto, un embajador de color?', se pregunta Roger Fauroux, que preside un órgano asesor del Gobierno francés para la política de integración.
No resulta fácil cambiar ese estado de cosas mientras persista la desconfianza hacia los musulmanes. '¿Lleva usted armadura?', pregunta con sorna el taxista libanés -de religión cristiana- al que acabo de dar la dirección de un barrio con fama de sensible al noreste de París. La xenofobia, que fue el gran alimento de la extrema derecha en el pasado, vuelve a dar sus frutos: un viejo caudillo ultra como Jean-Marie Le Pen cuenta con más del 10% de las intenciones de voto para las elecciones presidenciales del año 2002.
El número de extranjeros no deja de aumentar en Francia. El año pasado se dictaron decretos de expulsión contra 426 personas y se iniciaron los trámites contra otras 5.800, pero hubo 94.000 nuevos permisos de estancia a inmigrantes no procedentes de la UE y se concedió la nacionalidad francesa a 150.000 personas. Las cifras exactas de musulmanes no se conocen, porque preguntar a las personas por su religión, incluso a efectos estadísticos, es políticamente incorrecto; de modo que cuando se dice que hay cuatro millones de musulmanes en Francia se trata de una estimación, que no pasa de sospecha al aludir a otro medio millón de ilegales. Dando por buenos tales datos, estamos hablando de que el 7% o el 8% de los habitantes de Francia proceden de países musulmanes o son franceses hijos de musulmanes. Un peso de por sí elevado, que además concentra el problema en las regiones de París, Marsella, Lyón o Lille.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001