Latifa se dirigió a la pequeña oficina de Correos de la localidad de Galéria, en la isla de Córcega. Faltaban unos minutos para el mediodía y quería retirar dinero de su cartilla. Su padre, Mohamed Loulichki, de 48 años, entró con calma en el pequeño local, se dirigió a su hija, sacó un cuchillo de carnicero y le asestó varias puñaladas. La muchacha cayó en medio de un charco de sangre, entre la incredulidad de los dos empleados y el par de clientes que esperaban a ser atendidos en los mostradores. Una terrible muerte frente al mar, que baña uno de los litorales más privilegiados del Mediterráneo.
Mientras su hija agonizaba, el padre salió despacio de la oficina de Correos. Marchó al cuartel de la gendarmería, a poco más de un centenar de metros de distancia, entregó el arma ensangrentada y dijo: 'Acabo de matar a mi hija'. Ha sido procesado por asesinato y se encuentra encarcelado desde hace una semana.
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Mohamed Loulichki se instaló en Córcega hace 30 años. Musulmán practicante, el padre no podía soportar que su hija viviera al estilo occidental y que se hubiera marchado de casa con el proyecto de unirse a un joven de 23 años que no es musulmán. Había destinado a su hija a casarse con un marroquí, según diversos testigos de la tragedia, y no aceptó que ella decidiera emprender otra vida.
Hasta entonces, el antiguo albañil no había dado motivos para hablar de él en el pueblo. Latifa había asistido a la escuela primaria en Galéria, donde aprendió un francés del que no sabía nada cuando llegó a Córcega, y posteriormente siguió la enseñanza secundaria en Calvi. La muchacha trabajaba desde hace cinco años en un complejo turístico y comenzaba a vivir como una chica más. 'Este verano, su padre se marchó a Marruecos y ella aprovechó, a sus 24 años, para comprarse su primer traje de baño', ha dicho al diario Le Parisien el director del complejo en el que trabajaba. No es ni será el primer crimen que surge de la sociedad profunda, pero será difícil desgajar un suceso tan grave de la barbarie a la que puede llevar el fanatismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2001