Bajo ninguna circunstancia Yasir Arafat aceptará ir al exilio. Así lo repitió ayer una y otra vez Saeb Erekat, ministro palestino y jefe del equipo que negociaba con los israelíes. Ariel Sharon acababa de revelar sus intenciones. "Si Arafat quiere salir de Ramala, que se vaya, pero para no volver", afirmó el primer ministro israelí. El mismo presidente palestino aseguró a la televisión de Qatar Al Jazira que sólo abandonará sus oficinas "como un mártir". Mientras, los soldados israelíes impedían el acceso a Ramala de un grupo de cónsules europeos.
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"No hay un solo palestino que acepte ir al exilio bajo ninguna circunstancia", aseguró Erekat que le había dicho Arafat cuando le puso al corriente de la propuesta de Sharon. Los palestinos estaban indignados e interpretaban la sugerencia como un insulto. "El anuncio de Sharon es la preparación para un intento de matar a Arafat", manifestó el ministro palestino.
A primera hora de la mañana, durante una visita a un cuartel, Sharon manifestó que había propuesto que Arafat pudiera volar al exilio acompañado de diplomáticos europeos con la condición de que no volviera a los territorios y que no sacara a nadie con él. Según el primer ministro, el mediador europeo, Miguel Ángel Moratinos, le preguntó si Arafat podía abandonar Ramala. "Le dije que si querían, podían traer un helicóptero y llevársele de aquí", aseguró el primer ministro ante los soldados. Sharon puso tres condiciones: "Primero, tendría que planteárselo al Gobierno; segundo, no podría sacar consigo a ninguno de los asesinos que le rodean, y en tercer lugar, sería un billete de sólo ida. No podrá regresar", subrayó.
Enseguida el ministro de Exteriores, Simón Peres, calificó la propuesta de mera "especulación" y diversos portavoces insistieron en que no se trataba de una política oficial. La precisión no evitó que las palabras de Sharon provocaran una gran preocupación entre los consulados europeos en Jerusalén. Sus titulares fueron rechazados ayer en el puesto militar de Kalandia, cuando intentaban llegar a Ramala. El gesto de los diplomáticos puso de relieve las dificultades que Israel pone a su trabajo y tal vez influyó en el anuncio del Ejército de que iba a dejar salir a los extranjeros atrapados en Ramala, promesa que no se cumplió.
"Tenemos obligación de cumplir con nuestra labor. En primer lugar, atender a nuestros nacionales, y en segundo, llevar adelante nuestro trabajo diplomático", justificó Pablo Sanz, el vicecónsul español. "Mientras los Acuerdos de Oslo no sean denunciados, y no lo han sido, las relaciones de nuestros países con la Autoridad Palestina se llevan a través de los consulados en Jerusalén y las oficinas de representación en Ramala".
En total, una cincuentena de españoles y varios centenares de ciudadanos del resto de la UE quedaron atrapados en Ramala el viernes cuando el Ejército israelí lanzó su ofensiva sobre la ciudad. Los cónsules no perdieron la esperanza. Una comunicación oficial les informó de que se iba a levantar el toque de queda durante cuatro horas para permitir la salida de sus nacionales. "Sí, todos los ciudadanos con pasaportes extranjeros, no palestinos, pueden abandonar Ramala entre las dos y las seis de la tarde de hoy ", confirmó a EL PAÍS un portavoz militar hacia las cinco. Pero a esas horas nadie en Ramala conocía la noticia. "Algo así deberían anunciarlo con altavoces y no hay nadie en la calle", aseguraba una residente. Los consulados tampoco sabían nada. "Al contrario, al más alto nivel nos han dicho que no será hoy ", indicó un diplomático, que calificó de "inaceptable" la ceremonia de la confusión practicada por los responsables israelíes.
Mientras, continuaba también otro tipo de actividad diplomática. Los cuatro mediadores internacionales destacados en la zona (Miguel Ángel Moratinos, de la UE; Anthony Zinni, de EE UU; el ruso Andréi Vdovin, y Terje Roed-Larsen, de la ONU) volvieron a reunirse ayer en Jerusalén por segundo día para tratar de tender un puente entre israelíes y palestinos.
Aunque ninguno de los equipos soltaba prenda sobre el contenido de las discusiones, EL PAÍS pudo saber que la posibilidad de una visita a Arafat se veía frenada por la falta de entusiasmo de Washington. "¿Cómo es posible que Estados Unidos no pueda convencer a Israel para que les deje visitarle?", preguntaba la fuente, que pidió el anonimato.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de abril de 2002