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ENTREVISTA

'Ni los jueces ni la sociedad están sensibilizados'

Poeta y abogado en ejercicio, Juan Mollá ha tenido entre sus manos algunos de esos casos espectaculares que agitan la actualidad. Defendió en los años sesenta al escritor Luis Martín Santos y a Fernando Arrabal. También fue abogado de Cela, 'hasta que se casó con esa mujer. Fue un corte radical'. Preside desde hace tres años el Centro Español de Derechos Reprográficos (Cedro), la entidad oficial creada en 1987 que lucha contra la piratería intelectual. Defiende los derechos de escritores, editores, periodistas y traductores. Por ejemplo, contra las fotocopias de los libros. Cedro es el equivalente en el mundo editorial a la SGAE, que combate las copias ilegales de CD. 'Evitar el pirateo intelectual es muy complicado, porque en España no existe respeto entre la población, le da igual comprar el libro fotocopiado, y los jueces son muy reacios a condenar cuando se atenta contra la propiedad intelectual'.

'La Administración piratea unos 8 millones de libros al año, el 30% del total de las copias'

Pregunta. ¿Se piratea mucho en la edición?

Respuesta. Sí. El equivalente a 24 millones de libros de 2.000 páginas cada uno. Esto significa 4.800 millones de páginas y 270 millones de euros de pérdidas al año.

P. ¿Dónde se produce tanta copia ilegal?

R. Parece que es en las tiendas de fotocopias, pero no es una imagen real. Las copisterías sólo producen el 8% del pirateo, frente al 40% en centros de enseñanza, como universidades, y un 30% en la Administración. El resto está en bibliotecas y otros centros.

P. ¿Y en qué universidades?

R. En casi todas, privadas y públicas, aunque hemos firmado un convenio con la mayoría para colaborar en reducir las fotocopias.

P. Parece que existe un desfase entre esa voluntad y la cantidad de pirateo que resulta.

R. Hay una gran falta de conciencia en cuanto a la protección de la propiedad intelectual. Hay profesores que remiten directamente a las fotocopias de los libros. Tampoco los estudiantes están educados por el respeto a la propiedad intelectual. Muchas veces es inconsciente, piensan que no está mal. El otro día una librera de Sevilla que vende libros universitarios me llamó casi llorando, porque sabe que al lado hay almacenes enteros de libros esperando a ser fotocopiados. Es una piratería en masa, porque hay fotocopistas que hacen ediciones enteras de libros sabiendo que los van a vender. Detrás de eso hay impresores y fotocopistas, con lo que se va entrando en una especie de mafia.

P. ¿No resulta difícil convencer al consumidor cuando se le toca el bolsillo?

R. Es la enorme dificultad que tenemos. No sólo falta concienciar a la sociedad. Son los jueces los que muchas veces no los consideran delitos. Copiar un libro entero de un autor, poner el nombre de la editorial en lugar del autor, fotocopiarlo, venderlo en masa... es un delito de plagio total y, sin embargo, el juez no quería condenarlo y forzó un acuerdo entre autor y editor por una cantidad nimia.P. Al fotocopiar un libro, ¿cuándo se incurre en un delito?

R. Reproducir un libro está permitido para uso privado. Por ejemplo, si se tiene una fotocopiadora en el trabajo o en casa, porque a través de estas máquinas ya se paga un canon del cual una parte redistribuye Cedro a los autores. Pero para uso público y con ánimo de lucro se requiere una licencia que establece un porcentaje máximo que se autoriza a fotocopiar, un 10% de la obra.

P. ¿Qué medidas existen para luchar contra este fraude?

R. El Código Penal castiga con un delito la fotocopia lucrativa, y la pena de tipo básico es de dos años de prisión. Constantemente hay condenas, generalmente de un año, o multas. Otras veces se llega a un acuerdo. Si se va por la vía civil, la pena es una indemnización por el valor de la licencia.

P. ¿Cuánto es eso?

R. Muy poco, 900 euros al año. Esto no es ejemplarizante. Sólo lo es la condena penal. Hace dos años se multó a la Cámara de Comercio de Madrid. Ahora tenemos pendientes unos 200 juicios de tipo penal y civil.

P. ¿Cómo se controla a quien no tiene licencia?

R. Es muy difícil. Tenemos una red de inspección que dice dónde se fotocopia más, pero la solución está en el terreno educativo, transmitir el gusto por los libros. En los países nórdicos no se piratea así, en cambio aquí, parece que los libros no tienen importancia.

P. ¿Quién pierde dinero?

R. Autores y editores. Los primeros no reciben un céntimo, y a los editores a veces les fracasan ediciones enteras de libros. Y no sólo de texto. En los institutos hay muchos autores obligatorios, como Cervantes, Delibes, Cela... Un editor, si quiere sacar una nueva edición, tiene que tener en cuenta que va a ser fotocopiada, y entonces se echa atrás.

P. ¿Qué puede hacer el autor para defenderse?

R. Asociarse y hacer una fuerza social. Cedro defiende a autores y editores conjuntamente y tenemos más de 5.000 asociados.

P. ¿Qué me dice de la Administración?

R. Que se fotocopia mucho en todos los ministerios, en todos los organismos públicos y en las comunidades autónomas.

P. ¿Incluido el Ministerio de Cultura?

R. Sí, en todos.

P. ¿Y cómo se ataja?

R. Es muy difícil, porque en algunos centros de la Administración no nos dejan entrar a comprobarlo.

P. ¿Se plagia mucho?

R. Muchísimo. Un ejemplo: chicos que van a un taller, editan una novela y el profesor, un escritor de primera fila, lo publica con su nombre. El plagiado casi siempre es una parte débil, detrás del plagiador hay una gran estructura editorial y son casos que se resuelven con un acuerdo económico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002