El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha resucitado el temor a un efecto contagio de la devaluación del peso argentino sobre sus vecinos y, en especial, sobre Brasil, su principal socio comercial. En su último informe trimestral el fondo avisa que "una mayor depreciación del peso no sólo impactará sobre las economías regionales, sino también sobre todos los mercados emergentes, al aumentar el riesgo para los inversores".
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El temor que muchos expertos y analistas habían casi descartado por completo vuelve: la crisis argentina aún puede atravesar fronteras y perjudicar a otras economías emergentes que, a pesar de no estar tan débiles como la argentina, aún no son fuertes. El FMI, en su informe trimestral difundido ayer, advierte de que si la devaluación del peso argentino se profundiza, el efecto se transmitirá a los socios comerciales de Argentina (el principal es Brasil) e incluso puede perjudicar a otras economías emergentes, puesto que puede provocar una salida de capitales en estampida.
En la últimas semanas, lo que advierte el FMI al cierre de su informe ha comenzado a notarse. Las palabras del presidente de Uruguay, Jorge Battle, contra los argentinos ("son todos unos ladrones, desde el primero hasta el último") se interpretaron también como una reacción del Gobierno uruguayo contra la difícil situación que está pasando este país a raíz de la crisis de su vecino. Paraguay, por su parte, ha tenido que acudir al FMI para obtener ayuda financiera. Brasil está viviendo ahora su peor momento desde la crisis de 1999.
La crisis argentina está afectando a sus exportaciones y ha profundizado el sentimiento de desconfianza sobre la economía brasileña. A ello se ha añadido la proximidad de las elecciones generales y el hecho de que el candidato que encabeza las encuestas de intención de voto es el del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio Lula Da Silva, cuyo discurso de izquierda no gusta a los empresarios.
En los últimos días se disparó el riesgo de insolvencia de Brasil y el valor del dólar frente al real. Los responsables de FMI aseguran que no tienen motivos para pensar que la situación en Brasil se deteriorará mas. En la misma línea, un informe de Merrill Lynch sostiene que la sacudida que está sufriendo Brasil se debe más a una incertidumbre psicológica que a un cambio fundamental en la marcha de la economía brasileña. El Gobierno brasileño informó que iba a recibir 10.000 millones de dólares del FMI de un crédito de 15.000 millones que ya tenía aprobado. Ayer mismo, el Banco Mundial anunció la aprobación de tres préstamos por 1.010 millones de dólares para respaldar los sectores de la educación, (160 millones) la energía (450 millones) y el sistema financiero de Brasil (400 millones).
El anuncio de la ayuda calmó las cosas pero la crisis argentina es una amenaza latente. Ayer, fuentes del Gobierno argentino comentaron que ahora que el Fondo ha visto que la crisis puede contagiarse, el acuerdo se adelantará. El pacto no necesariamente supondrá dinero para Argentina, sino una renegociación de los plazos de los pagos de deudas para que Argentina no permanezca marginada internacionalmente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de junio de 2002