Cada semana muere una mujer víctima de la violencia de género. Todas ellas, también las que padecen agresiones durante su vida, han oído y sentido la terrible cantinela de 'que no valen nada'. La violación del derecho a la vida y a la integridad física y psíquica está siempre precedida del desprecio y la dominación del agresor, que se siente superior y, por ello, autojustifica su conducta, basada en una absurda relación de poder.
La violencia de género, que se ejerce contra las mujeres por el hecho de serlo, por considerarlas un ser inferior, tiene múltiples formas y se da en todos los ámbitos sociales, económicos, culturales y laborales conocidos. Es un fenómeno estructural, tristemente forma parte de nuestro modelo de relaciones sociales y familiares, públicas y privadas, que pretende mantener el tradicional sistema de dominación sobre las mujeres.
El punto de partida es la desigualdad existente entre los hombres y las mujeres, históricamente mantenida en todas las sociedades. El agresor aprovecha esta lamentable situación para realizarse e imponerse. Cuanto más débil sea la mujer, cuanto más dependa de él, más reforzado emerge su machismo y más probable es que salga fatalmente triunfante.
La violencia hacía las mujeres puede adoptar múltiples formas. Suele empezar por la falta de respeto y el menosprecio, continúa luego por los procelosos vericuetos de la tortura psicológica, se refuerza más tarde con la amenaza de muerte, el chantaje emocional a través de los hijos o la agresión físico-sexual y se sustenta materialmente en un tipo de violencia económica que impide a las víctimas denunciar su situación por su estado de supeditación, por no tener la suficiente independencia, por no saber dónde ir con sus hijos, por sentirse sojuzgadas e impotentes.
Aunque parezca mentira, las propias asociaciones de mujeres han tomado la iniciativa de hacer públicos los datos del terrorismo doméstico ante la incapacidad del Gobierno del Partido Popular (PP) de aportarlos en algunas provincias o por los criterios subjetivos que aplican en las relaciones de parentesco de la víctima con el asesino. Ni el ministerio del Interior ni el de Trabajo y Asuntos Sociales son capaces de proporcionar con exactitud estos datos. Si no son capaces siquiera de aportar la estadística, ¿cómo piensan combatir esta lacra?.
El PP no ha tenido nunca en su agenda política y de trabajo combatir esta situación, nunca ha representado una prioridad para ellos. Por eso, han puesto en marcha planes que no han sido evaluados, que no han servido para nada, que no han resuelto el problema, que no han contado con presupuesto específico. Todo su infructuoso empeño se ha quedado en el terreno de la palabrería. No ha habido respuestas eficaces que mejoren la situación de las mujeres y así nos va.
Por eso, los socialistas proponemos una ley integral que combata la violencia de género desde todos los ámbitos. Hacemos esta propuesta recogiendo y compartiendo con el movimiento asociativo de mujeres sus demandas, aprovechando su experiencia, entendiendo sus carencias y destacando su lucha, que es también la nuestra.
Las estadísticas hablan por sí solas. Revelan la verdadera magnitud de una situación que se mantiene en un 30% de los hogares de todo el mundo, sin distinción de raza, etnia o clase social. Durante 2001, por ejemplo, fueron asesinadas 73 mujeres en España, 11 de ellas en Andalucía. Esta terrible tendencia ascendente nos confirma que más de 425 mujeres han sido asesinadas en España desde 1996. Se trata de una la violación permanente del primer derecho humano, el derecho a la vida. Sin olvidar que constituye en paralelo una flagrante agresión al resto de derechos fundamentales como la integridad física y psíquica, la dignidad y la libertad de las mujeres.
Para luchar contra esta situación de fracaso acumulado del PP, los socialistas apostamos por una respuesta única, integral y estructural al ciclo de violencia, por lo que proponemos una ley integral contra la violencia de género que no deje fuera ningún aspecto, que evite las situaciones de maltrato y que garantice la protección de las mujeres y sus hijos.
Exigimos, pues, que el Gobierno del Partido Popular perciba de una vez por todas la gravedad del problema con la creación de una delegación específica que coordine a los distintos ministerios y administraciones implicadas. Sólo así se podrá avanzar con un mínimo de éxito en la erradicación del terrorismo físico, psicológico y económico que padecen miles de mujeres. De lo contrario, Gobierno del PP, tú sí que no vales nada.
Cinta Castillo Jiménez es secretaria de Igualdad del PSOE de Andalucía
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002