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Reportaje:REAL ALCÁZAR DE SEVILLA

Delicias mudéjares a dos euros

Al pueblo le gusta visitar los palacios porque pueden fantasear con la idea de que son ellos los que habitan esas suntuosas estancias. Pero, la verdad, es que hay que tener mucha imaginación para obviar a celadores, guías que gritan abanico en mano y turistas que hacen escorzos para salir ellos solos en la fotografía. Los soñadores disponen ahora de todo un mes para evitar esta enojosa situación y sentirse dueños de los jardines del Real Alcázar de Sevilla, el palacio en uso más antiguo de Europa.

Desde mediados de julio y hasta el 30 de agosto el Patronato del Real Alcázar ha puesto en marcha, por tercer año consecutivo, un ciclo de conciertos en el que 16 grupos interpretan composiciones de todas las etapas que han marcado el palacio, desde el periodo musulmán hasta el barroco. Pero los conciertos ofrecen una grata sorpresa: el monumento abre sus puertas a las nueve de la noche y permite a los 416 espectadores que cada noche llenan el aforo pasear a sus anchas por los jardines, un placer de reyes.

El laberinto de mirto creado en 1626, que esconde un estanque en su interior; los naranjos centenarios que rodean el Cenador de la Alcoba o el jardín de los Poetas diseñado por Joaquín Romero y Murube son algunos de los rincones que el público podrá conocer ahora bajo una óptica diferente: la complicidad que ofrece la noche.

Antonio Burgos, sevillano de 43 años, es uno de los 20 jardineros que se ocupan de la salud de las 170 especies de árboles y arbustos que conviven en los 70.000 metros cuadrados del Alcázar. 'La gente se queda boquiabierta cuando contemplan las flores del palo borracho o la celinda. Lo mejor de estos jardines es su diversidad. Se pasa de la geometría de un diseño árabe al jardín renacentista en pocos metros', comenta este jardinero que lleva 18 años mimando esta isla verde en pleno centro de Sevilla. 'Aquí todos hacemos de todo, pero a mí me gusta especialmente la poda de los setos y ocuparme de tareas de invernadero como la multiplicación de plantas', añade Antonio Burgos. El decano de los jardineros, Antonio Velázquez, lleva nada menos que 38 años trabajando en el Real Alcázar, y encabeza un equipo que se ocupa de todas las tareas salvo de la poda de las palmeras, una actividad que realiza una empresa especializada.

El ciclo Noches en los jardines del Real Alcázar ha tenido tanta aceptación que las entradas, con un precio simbólico de dos euros, se agotan cada semana. Hasta el momento, con el no hay billetes colgado todas las noches, han pasado por los conciertos casi 7.000 personas. Claro que oír las composiciones musulmanas interpretadas por el Ensemble Al-Tarab o Caravasar, transportase al medievo de la mano de Arte Factum y al barroco con Armoniosi Concerti; todo eso con la galería de Grutescos como telón de fondo, es una verdadera delicia en medio de la sequía cultural de los veranos sevillanos. El ciclo, con 35 conciertos programados de lunes a viernes en un escenario al aire libre, guarda aún otra sorpresa: el Alcázar mantiene abierto su cafetería hasta el comienzo de los conciertos, las 22.30. Así cualquiera puede sentirse rey.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002