Los deportes preferidos de Albert son la vela y el ciclismo. El ciclismo ya hace tiempo que lo practica y con la vela empezó hace un mes, cuando Jordi, su monitor de bicicleta en Sabadell, lo animó a salir al mar. Jordi es instructor del Centro Municipal de Vela de Barcelona (CMV) desde hace seis años y un apasionado del deporte. 'Sólo me falta lanzarme con paracaídas', añade. Y fue precisamente la práctica del deporte lo que le permitió superar la atrofia que padecía desde pequeño en las piernas y los brazos. Ahora anima a otros discapacitados a practicar deporte, y a Albert ya ha conseguido meterle el gusanillo de la vela. Albert tiene 27 años, es de Sabadell y padece un retraso psicomotriz.
'El trabajo de los voluntarios es esencial', dice la coordinadora
Hace cuatro años que el CMV creó el programa Vela adaptada para facilitar la práctica de este deporte a las personas que padecían alguna discapacidad física o psíquica. La demanda ha ido aumentando con el tiempo y ahora, bajo el nombre de Vela para todos, los responsables del programa trabajan para conseguir la integración del colectivo de discapacitados. 'Siempre intentamos que la persona que sufre algún tipo de discapacidad se integre en un curso normal', explica Diana Cuadras, coordinadora del programa.
'El trabajo de los voluntarios es esencial. Sin ellos no podríamos seguir adelante con esta iniciativa', dice Diana. El centro cuenta en estos momentos con unos 40 voluntarios, 'una cifra un poco justa porque para podernos organizar sin ningún problema deberíamos tener unos 60', añade. Los voluntarios deben tener un nivel técnico mínimo y su trabajo consiste en hacer que el instructor pueda realizar su trabajo y no se sienta 'sobrecargado' por la presencia de una persona discapacitada en el grupo. 'Lo que hemos observado es que la calidad de los cursos aumenta con la presencia de voluntarios', matiza Diana, quien añade que como compensación por su trabajo, los voluntarios acumulan horas que pueden canjear, entre otras cosas, por cursillos de formación técnica y salidas en embarcaciones.
Marta tiene 15 años y desde los nueve practica la vela. 'En verano hago vela y en invierno, natación e hípica', explica esta joven barcelonesa que padece parálisis cerebral. La dificultad que tiene a la hora de andar no le impide subirse a la embarcación y decirle a la monitora que ella es la patrona y que tiene que seguir sus instrucciones. Mientras, Jordi sigue de cerca en una lancha a Albert y Marta, y no para de animarles y de decirles que deben cambiar de rumbo si ve que se equivocan. Su trabajo le encanta y dice que disfruta mucho saliendo a navegar con deficientes visuales y ciegos. 'Es impresionante ver cómo se orientan', cuenta el instructor.
La mayoría de los alumnos provienen de escuelas e institutos con personas con discapacidad integradas. También los hay de asociaciones, escuelas y centros especializados para personas con discapacidades, y particulares tanto infantiles como adultos. Asociaciones como la ONCE, Aspace (Federación Española de Asociaciones de Atención a las Personas con Parálisis Cerebral), el Centro Piloto de Parálisis Cerebral de Montjuïc y Ratio (Asociación pro Personas con Disminución Psíquica) participan asiduamente en estas actividades. La experiencia del equipo técnico y de los voluntarios que participan en el programa comporta que el CMV esté abierto a todo tipo de propuestas y que se pueda adaptar al perfil de cada alumno.
Basta con presenciar una salida de uno de estos grupos para convencerse de que en el mar no hay barreras. Las barreras arquitectónicas con las que el colectivo de discapacitados todavía se encuentra en la vida cotidiana desaparecen cuando suben a la embarcación. Y es que el mar no sabe de discapacidades.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002