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LOS DÍAS Y LOS LIBROS

Punto y coma

Esta es una historia americana. Ocurrió hace aproximadamente veinte años. Es una tarde de mayo en un garito cerca del Jardín Botánico de Brooklyn, en la avenida Whashington. Hay tres tipos en una mesa conversando animadamente. El más alto es Jack Bell, el del sombrero es Alfred Baskin -¿no se lo quita?- y el tercero, Bob Clark, ocupa media mesa con sus manos torpes de boxeador cansado. En esta época Jack Bell tiene un cargo remunerado en The Associated Press, y Baskin -del News de Dallas- ultima su relato -mitad ficción, mitad resultado de una ardua investigación sobre el terreno- a propósito de los numerosos puntos oscuros del asesinato de John Fitzgerald Kennedy (1917-1963). Al fin y al cabo, los cabos sueltos en la secuencia de acontecimientos en aquel 23 de noviembre en Elm Street han estimulado todo tipo de conjeturas. Baskin -del News, de Dallas- en modo alguno pretendía aumentar el nivel de incertidumbre, sino aportar un punto de vista a medio camino entre las sospechas conspiratorias cada vez más amplias y la escueta y facilona versión oficial. Fue Bob Clark quien introdujo la posibilidad de convertir aquella historia en un telefilm de generoso presupuesto, si no se interesaba por él algún cineasta solvente. Bob Clark era en ese momento adjunto al director de relaciones exteriores de la American Broadcasting Company, pero Baskin, con una familiaridad de gran talla cultural, le llamaba Clark Kent. Quizá por eso la aventura audiovisual fue acogida por el articulista del News con una sonrisa escéptica.

Se da la circunstancia, absolutamente al margen de esta historia, de que Bob Clark y Oliver Stone -que en esta época ya había intervenido como actor en Battle of love's return (1971) y preparaba su primer film como director, Seizure (1974)- habían coincidido en Vietnam no como combatientes, sino en el marco de una campaña repleta de buenas intenciones para enseñar inglés en Cholon. Después siguieron caminos diferentes. Clark Kent inició una brillante carrera como periodista y Stone se quedó en Vietnam dos años, entre 1967 y 1968, donde formó parte de la 25 División de Infanteria. Recibió la Bronze Star y el Purple Heart, dos preciados reconocimientos al valor. No consta, sin embargo, que ninguno de los presentes en esta reunión neoyorquina conozca el diámetro de las obsesiones de Stone, ensanchado micra a micra en cada día de vesania asiática, ni sus planes meticulosos para indagar en la reciente historia del país, planes que incluirán la realización de JFK en 1991.

Aquí tenemos, pues, a Bell, Baskin y Clark tomándose unos güisquis mientras retumban sobre el reborde de cuero de sus sillas los bajos de un viejo tema de Freddie Keppard. El avión de Baskin sale dentro de dos horas. Naturalmente, sus amigos le acompañarán al aeropuerto. Piden un taxi y pagan las consumiciones.

Hasta aquí estos hechos no tienen nada de particular. ¿Qué se hizo del relato de Baskin? He de confesar que no lo sé. Pero lo que ha soliviantado con más ímpetu mi curiosidad no son esos detalles, sino la insospechada casualidad de abrir un día el Libro de Estilo de este periódico (6ª edición, página 102) y, en el apartado dedicado al punto y coma, encontrar esta frase como ejemplo: 'Jack Bell, de The Associated Press; Baskin, del News de Dallas, y Bob Clark, de la American Broadcasting Company, iban en el asiento posterior'. De donde deducí, y sirva esto de moraleja al apreciado lector, que la gramática no puede ser más que un apartado menor de la fantasía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002