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Reportaje:

El sueño del inmigrante

Miles de personas pasan auténticas odiseas para llegar a España, donde sólo una parte consigue hacer realidad sus ambiciones

España, Europa, suenan a tierra prometida, a lugar de oportunidades, a panacea para dejar por fin atrás el miedo, la pobreza, el hambre o la persecución. A pesar de las informaciones que recorren el mundo sobre las limitaciones en la acogida de inmigrantes; de que se haya implantado la exigencia de visados en países que hasta hace ocho meses estaban libre de ello; a pesar de que se repite la escena de cadáveres que aparecen en las costas del Estrecho, se amontonan las denuncias de mafias que extorsionan con falsas promesas de trabajo, hay dificultades para convalidar estudios, a pesar de muchos pesares, desde fuera España es casi un paraíso para cubanos, ecuatorianos, argentinos, marroquíes, argelinos, nigerianos, senegaleses, ucranios...

'He descubierto que al extranjero de país pobre no se le trata con respeto'

'Esta era la tierra prometida. Cuido a tres ancianas, tengo mis papeles y soy feliz'

Pero salvo excepciones en casos de artistas o deportistas, el sueño español -o europeo- se convierte en pesadilla para la mayoría, sólo unos pocos consiguen algo parecido a lo que soñaron hacer. Así lo cuenta Jeni: 'Nos moríamos de hambre en Ecuador. Ahora ya tengo los papeles, la Seguridad Social, cuido tres ancianitas en la calle de Conde de Altea, me pagan correctamente, he vuelto a ser alguien, a pensar en cosas que podré hacer. Ésta es para mí la tierra prometida, claro'.

Mario también lo pasó mal: 'Trabajaba para el Gobierno de Castro y escapé cuando la libertad se conjugaba ya en pasado indefinido. Llegar a España era el sueño dorado. Dejé atrás, con casi 50 años, a mi mujer y mis tres hijos. Aquí las cosas no han sido fáciles. He hecho muchos trabajos y he descubierto que al extranjero de país pobre no se le trata con respeto. He sido portero durante años en una finca de Benicàssim y he aguantado desprecios de personas supuestamente educadas y formadas que pensaban que la combinación de portero, mayor y de origen cubano era sinónimo de ignorante y esclavo'.

Se dejó 'la piel' para traer a su mujer y a dos de sus tres hijos. 'Mi hija y su marido han hecho trabajos no cualificados en los que han sido tratados con desprecio. Cuando los papeles estuvieron en regla, mi yerno aprobó en cinco meses el MIR y es médico en el Hospital General de Castellón. Ahora no le tose nadie, atrás queda un amargo recuerdo de humillaciones que desde fuera no crees que en un país hermano también marcado por la emigración eso sea posible', añade Mario, ahora de casi 60 años.

Siguen sus pasos, sin conocerse siquiera, una veintena de cubanos que se reúnen en una tasca de la calle de Cádiz de Valencia. Algunos tienen el pasaporte retirado por aprovechar una beca para huir de Cuba. Otros, con formación universitaria, hacen de la salsa y el ron un modo de vida.

Naida L., de 36 años, casada, ucrania, técnica en química, llegó a España hace siete años. Fue víctima de una red de prostitución ilegal. Durante dos años pasó por clubes de Madrid, Sevilla, Barcelona y Valencia. Escapó de una redada policial y sin papeles alcanzó Francia, donde se refugió trabajando en el campo. 'No tenía nada, no pude hablar con mi familia en casi dos años. Pensaron que había muerto. Cuando me marché, el más pequeño de mis hijos tenía cinco meses. No teníamos para comer y me dijeron que una empresa de Madrid me daría trabajo. Estaba tan desesperada y era tan inocente que lo creí porque la persona que me lo dijo estudió conmigo, era de mi barrio. He pasado miedo y hambre. Perdí el dinero que entregaba para que hicieran llegar a mis hijos y que nunca llegó. Me han pegado, amenazado y humillado', cuenta esta mujer. 'Ahora trabajo en un laboratorio en Valencia, tengo a dos de mis tres hijos conmigo, el otro murió, y vivo en un país donde la democracia es un valor y el trabajo también. No tengo ilusiones propias, pero vivo en libertad para mis hijos', relata Naida.

Otros se han acoplado a los sueños de españoles enamorados de otras culturas. Luis y Nadima se inspiraron en la Alhambra para crear La Kashba, en Poeta Mas i Ros (Valencia), y hacer de una tetería árabe un espacio imaginario donde la danza del vientre como terapia de autoestima convive con el cuscús, las pipas y los dulces almendrados que preparan magrebíes que antes de cocineros y camareros, antes de ser ciudadanos legales en España y encontrar un lugar amable para trabajar y a partir del que seguir soñando, vivieron en la pesadilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002