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Crónica:Campeonatos de Europa al aire libre | ATLETISMO

Un cuarto puesto amargo

La saltadora Montaner creyó hasta el final en sus posibilidades

Había que preguntárselo de entrada, nada más verla llegar a la zona mixta, la mochila a cuestas y los ojos brillantes, las mejillas chorreando agua. ¿Es la lluvia o lloras? "Lloro". Voz inaudible, para ella misma. Concha Montaner, de 21 años, la más joven de las participantes en la final del salto de longitud, había terminado cuarta y estaba llorando. Otras, con menos, darían saltos de alegría.

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Ausente la lesionada Niurka Montalvo, Montaner saltó a la arena del estadio Olímpico de Múnich con una idea fija en la cabeza: una medalla. No eran falsas esperanzas para la campeona del mundo sub 23 de 2000. Ante ella, la histórica alemana Heike Dreschler, la única capaz de encadenar cuatro oros en unos Europeos en busca de un utópico quinto; también estaba la rusa Tatiana Kotova, que hacía apenas un mes había saltado 7,42 metros, devolviendo la longitud a las épocas doradas de los años 80. A una la podría respetar, por la historia, pero no temerla; a la otra la dejaría por imposible, pero a las demás podría permitirse el lujo de mirarles a la cara y decirles: "¿Qué pasa?" Así lo hizo desde el primer salto: 6,52 metros, que le servirían de base de ascenso a mayores cotas.

Empieza la lluvia

Ya entonces lloviznaba. También lloviznaba cuando, en su tercer intento, Montaner, con 6,67 metros, se colocó provisionalmente la tercera. Kotova iba la primera y no contaba. Pero sí que contaban las demás, una británica de 22 años llamada Jade Johnson, que saltó en el quinto intento, cuando ya llovía de verdad, 6,73, marca que le igualó poco después la veterana húngara Tünde Vaszi. Pero Johnson había sido plata desde su segundo salto, 6,66, y Vaszi estaba a 20 centímetros de la valenciana, con sólo 6,47. Con 16 centímetros más le quitaba el bronce a la española, aunque no la plata a Johnson, que tenía mejor segundo salto. Lo peor es que dejaba a Concha al borde del podio, el sitio fatal, el que te deja sabor más amargo porque has rozado la medalla pero te vas sin ella. Normalmente, lo que menos se acuerda el atleta es de que se trata de un gran puesto, porque la gloria está demasiado cerca y duele más perderla.

Montaner intentó la réplica, pero batió muy lejos de la plastilina, sin coger tabla. Tarea imposible.Se quedó, irónicamente, en los 6,47 que había tenido la húngara. Tampoco en los saltos anteriores, 6,56 en el cuarto y 6,44 en el quinto, había batido bien. Las lágrimas de haberlo tenido tan cerca estaban justificadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002