Josep Marín, pionero de la marcha y técnico reputado, maneja la teoría de los tres tercios. 'Un tercio de cualquier selección siempre rinde por encima de lo esperado, otro se porta normal y el restante fracasa', explica. Siempre se cumple. No hay una excepción, dolorosamente, ni para Marín. Los patinazos de Manolo Martínez en peso y Niurka Montalvo en longitud no acabaron con el cupo de bajonazos: la marchadora María Vasco, pupila de Marín, añadió ayer su parte alicuota.
Vasco pensaba en una medalla en los 20 kilómetros. No era un sueño, una sobrevaloración. Era algo tangible, al alcance de la diminuta catalana que logró el bronce en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y fue quinta en los Campeonatos del Mundo de Edmonton 2001. Pensaba en ella al salir y, a la media hora, a los seis kilómetros y medio, al cumplirse un tercio de su trabajo, sólo pensó en esconderse, en perderse. Paró, se echó a un lado, pasó por debajo de la cinta y desapareció del circuito para refugiarse en la Villa Olímpica.
'No sé qué pasó', dijo entre hipidos y sollozos. 'Se habían escapado las rusas', comentó, 'y yo marchaba en un buen grupo, a un ritmo muy normal, a 4m 30s el kilómetro, que es como ir andando, pero iba asfixiada. No podía más. Ha sido terrible'.
Marín, que tiene experiencia, ya empezó a olerse que el miércoles 7 de agosto, en el gris y fresco Múnich, bajo la amenaza de la lluvia, no sería el día de los sueños de nadie nada más comenzar la carrera. En la misma pista de tartán. Nada más sonar el pistoletazo, las decididas rusas Olimpiada Ivanova, la misma que ganó en Edmonton, y Yelena Nikolayeva aceleraron y se fueron solas. 'Y ya me fijé', apuntó, 'en que María se quedaba en el centro del grupo, que no reaccionaba. Eso no es normal en ella, salir despistada. Después vio que ni a 4m 30s iba cómoda. Entonces, cuando ves que no tienes nada que ganar siguiendo como puedes, desconectas la cabeza. Y ahí se acaba todo'.
Ivanova terminó yéndose sola, a lo Paquillo, y ganando con una superioridad aplastante.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002