Uruguay vivió ayer una huelga general convocada por el principal sindicato en rechazo de la ley que estableció el fondo de estabilidad del sistema bancario (limitaciones en la extracción de depósitos) para superar la peor crisis financiera de la historia del país. La huelga fue convocada a nivel nacional, pero el mayor seguimiento se registró en Montevideo, donde reside la mitad de los 3,3 millones de habitantes del país.
La banca, que la semana pasada mantuvo cerradas sus puertas durante cuatro días por decisión gubernamental y trabajó con normalidad el lunes y el martes pasados, quedó paralizada por la huelga y su sindicato (la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay) ya se plantea nuevas protestas. Las movilizaciones se deben a la posible pérdida de unos 2.000 empleos en cuatro bancos que permanecen cerrados por disposición del Banco Central del Uruguay por falta de liquidez.
En la capital, el transporte colectivo quedó restringido a un servicio de emergencia, al igual que la atención en los centros sanitarios. Las oficinas públicas permanecieron abiertas, pero con alto absentismo, y no hubo clases en escuelas, institutos, ni universidades. La construcción detuvo sus tareas, al igual que la mayoría de las industrias, pero las actividades en el aeropuerto y el puerto de Montevideo fueron normales.
También se realizó una concentración, en la que el Plenario Intersindical-Convención Nacional de Trabajadores, convocante de la huelga, rechazó la ley que ha supuesto la creación del fondo de estabilidad del sistema bancario por considerar que causa un gran perjuicio a la banca estatal y a todo el país.
La aprobación de la ley fue decisiva para que los organismos internacionales de crédito aceptaran ayudar, con 1.500 millones de dólares (1.530 millones de euros), al Gobierno uruguayo para permitir el país que salga de la crisis.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002