Son víctimas de la lejana guerra civil española, pero el tiempo que llevan enterradas sin que sus familiares y allegados conozcan el lugar o se hayan atrevido a buscarlo les acredita como 'desaparecidos forzosos' cuya memoria debe ser recuperada. Y no sólo por sus familiares y descendientes, sino por el Estado, pues los desaparecidos de la guerra civil española forman parte de la memoria colectiva de los españoles. El revuelo causado por la apertura de algunas fosas en El Bierzo (León) con restos de personas desaparecidas durante la guerra civil de 1936-1939 ha animado a cientos de familias a buscar a sus entepasados desaparecidos, asesinados o fusilados en cunetas y tapias de cementerios y enterrados no se sabe dónde y a pedir que el Gobierno les ayude en esa tarea, ya que España se comprometió, como firmante de la declaración de la ONU de 1992 sobre desapariciones forzosas, a poner los medios para buscar a las personas desaparecidas o sus cadáveres.
Puede parecer extraño a las generaciones actuales de españoles que muchas familias desconozcan todavía el lugar donde están enterrados sus parientes asesinados o fusilados en la contienda de 1936-1939 y que no hayan recuperado sus restos. Pero la vesania del franquismo y el miedo que provocó en los vencidos republicanos y en sus hijos explican que tantos años después haya españoles que todavía busquen a sus muertos: como explican la terrible existencia de esos otros desaparecidos, los llamados topos, enterrados en vida durante decenios en pajares o en huecos tapiados de escaleras que sólo se atrevieron a salir a la luz en las postrimerías del franquismo y algunos una vez muerto el dictador.
Se trata de desaparecidos del bando republicano, pues los del franquista, que también los hubo en el fragor de la contienda, pudieron ser hallados en los años de la posguerra y recibir digna sepultura. Aunque sean víctimas del lado vencido en la guerra civil española, el Gobierno del PP está obligado a ayudar a sus familiares a recuperar sus restos y su memoria. Es una herida de aquella contienda fratricida que hay que cicatrizar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002