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OPINIÓN DEL LECTOR

Nuevo método para destrozar el arte

Acudí al quinto y último concurso internacional de pintura que convoca la galería Aitor Urdangarin, de Vitoria y Madrid. En sus bases, la galería prometia cuidar la obra, tratarla con profesionalidad. Envié mi cuadro como otros casi 500 participantes más. La obra iba bien protegida en un estuche hecho a medida que me costó un dinero.

El cuadro no resulta premiado; hasta aquí todo conforme. Cuando voy a recuperarlo (en los concursos, quien participa debe costearse tanto el envío como el retorno de su obra), veo que han escrito a grueso trazo de rotulador un enorme '171' del tamaño de un folio. Todo el que haya hecho Bellas Artes y hasta el más novato en el gremio de la brocha sabe que la tinta de rotulador es absorbida por el lienzo y lo traspasa lentamente hasta aparecer en el otro lado, afectando a la pintura.

¿He de suponer que las casi 500 obras han sido tratadas igual que la mia, la 171 en el orden de llegada? Pues sí, supongo. Y ahora cada uno de esos 500 artistas tendrá, como yo, que buscarse a alguien que sepa restaurar en lo posible la chapuza del galerista intentando neutralizar los efectos de la tinta.

Puesto que la galería no da la cara para explicármelo, me pregunto qué género de profesionales emplea para manejar las obras de arte. Prometieron tambien devolverme el estuche. Me personé allí para recuperarlo, me dijeron que 'estaba en el almacén', pero no me dijeron la dirección del mismo para ir a por él. Y hoy, casi cuatro meses y muchas gestiones inútiles después, sigo esperando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002