La pelota vasca es algo más que un deporte. Eso, al menos, entiende el escultor y pelotazale donostiarra Anton Mendizabal, quien, tras una década de trabajo y bajo el mecenazgo de la Kutxa, terminó el año pasado su proyecto escultórico Pilotaz. Un proyecto que se expone desde hoy en la Sala Boulevard de la entidad financiera, en San Sebastián, donde descansan 41 piezas elaboradas en hierro y madera.
Anton Mendizabal (San Sebastián, 1945) está ligado a la pelota desde niño. Ya entonces, el espacio 'increíblemente grande' del frontón le provocaba sensaciones 'muy especiales'. La mirada del escultor sobre un deporte que forma parte inseparable de la tradición cultural vasca se ha traducido en el proyecto Pilotaz o, lo que es lo mismo, en 'una investigación espacial y simbólica elaborada en torno a la pelota', en palabras de su autor.
Esta simbiosis entre la pelota y la escultura ha ocupado diez años de la vida de Mendizabal, que ahora ve recopilado su trabajo, perteneciente al patrimonio artístico de Kutxa, en la citada sala (Boulevard, 1). El proyecto Pilotaz, que se podrá contemplar hasta el próximo 15 de septiembre, se divide en tres partes, que abordan en sendas series este deporte: el frontón, el pelotari y los objetos y herramientas que permiten las diferentes modalidades de la pelota.
El escultor, cuya obra no escapa a la influencia de artistas como Jorge Oteiza o Eduardo Chillida, se enfrenta a cada uno de los tres capítulos siguiendo un mismo esquema: representa el frontón, al pelotari y al material de juego desde un punto de vista estático, con la intención de dejar constancia de un símbolo, 'de algo eterno', como explicaba ayer el propio Mendizabal durante la presentación de la muestra.
Pero en su proceso creativo también aborda los elementos relacionados con la pelota desde una perspectiva dinámica. Y así, por ejemplo, después de estudiar diferentes jugadas, Mendizabal exhibe una serie de frontones esculpidos en madera donde obvia las partes del recinto que no son importantes en dichas jugadas. 'Es todo muy abstracto, pero en realidad viene de lo concreto', subrayó el escultor.
Desde esta mirada dinámica, la serie Pilotaldi, a través de cinco pelotaris de hierro de formas minimalistas, muestra al público diferentes jugadas: un saque, un gancho o la respuesta de un pelotari a una jugada complicada. La serie Tresnaldi, de nuevo desde la escultura en madera, se adentra en las herramientas que se emplean en el deporte.
La exposición, que incluye una treintena de maquetas de Mendizabal, se completará con las charlas del crítico Edorta Kortadi, que hablará sobre la influencia de la pelota en el arte vasco, y del bertsolari Euskitze, que disertará sobre la relación entre la pelota y el bertsolarismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002