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CULTURA Y ESPECTÁCULOS

La revolución del director teatral Miguel Narros

Hablar de Miguel Narros en pocos números sería más o menos así: 73 años y 103 montajes teatrales. Y cifrar sus éxitos en dos palabras: muchos premios. 'No sé si los premios me los dan porque soy viejito, aunque yo mayor soy, pero viejo no me siento'. Miguel Narros, uno de los más famosos directores de teatro de España, mantiene su independencia a rajatabla porque cree que el teatro 'no es una moda, sino una forma de expresión, y por eso hay tantas formas de teatro como personas se dedican a él'. 'Me resisto a tener influencias de los demás. No estoy defendiendo mi estancamiento, sino mi propia evolución. Quiero seguir siendo como soy hasta que me muera'. Queda dicho. Y ¿cómo es? Él mismo ofreció a los alumnos de la Universidad Complutense algunas pistas: no le gusta viajar, Chejov es su vicio de toda la vida y adora a Charo López. Y muchas cosas más. A Narros le resulta halagüeño que le ofrezcan un proyecto porque no es intocable, sino 'bastante vulnerable'.

El director ha conocido la censura, pero también una época democrática en la que asegura que no ha recibido presiones de ningún tipo por parte de nadie, salvo el ahogo económico que supone todavía en España trabajar en teatro. 'Ésa es la censura actual, la falta de dinero para hacer cosas que no tienen en otros países, y no es lo mismo trabajar agobiado porque no te llega el dinero que con las espaldas a medio cubrir'. Por eso Narros defiende las subvenciones, 'lo mismo que las hay para la música, para el cine. Ayudan a la creatividad, no la ahogan'.

El director describe dos tipos de teatro, el que se hace como negocio y el que es 'necesario para formar el pensamiento de una sociedad, para la educación, para que se sepa que hubo obras culturales en otras épocas'. Y para todo eso, 'el teatro necesita esas ayudas'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002