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Crónica:FERIA DE VITORIA | LA LIDIA

Anodino festejo de toros

Menos mal que los toros cuarto y sexto tuvieron movilidad, porque de otro modo la corrida había que meterla entre las que hay obligación de no ver una más en la vida.

El Cordobés en su primer toro trenzó una faena vulgarísima. Ni los derechazos ni los naturales valían gran cosa. Si le dieron la oreja fue porque se dedicó a dialogar con el público y a amenazar al toro. Y le amenazó tirando la muleta detrás suyo y como diciéndole que te voy a pegar. ¡Qué clase de toro sería que se asustaba hasta por la voz del torero! Le dieron una oreja por simpatía. Y en su segundo, en su inicio de faena, la muleta quedó agotada de tanto vuelo. A mitad de la tarea le dio dos derechazos largos y el toro se fue tras el engaño. Demostró que si hubiera empezado a torearlo como hay que hacerlo, el toro hubiera servido. Además de muchos enganchones, la cosa quiso arreglarla con el salto de la rana. Como suele ser norma, ahí el público se regocijaba y le jaleaba.

Sánchez / Cordobés, Abellán, El Juli

Toros de Sánchez Arjona, blandos, mansos, 4º manejable y 6º con movilidad; el 2º fue devuelto por 'borracho' circunstancial. El Cordobés: estocada (oreja); estocada -aviso- y descabello (oreja). Miguel Abellán: dos pinchazos -aviso- tres pinchazos y descabello (silencio); tres pinchazos y estocada delantera (gran ovación). El Juli: pinchazo y estocada perpendicular (silencio); estocada (oreja y petición de otra). Plaza de Vitoria, 7 de agosto. 3ª de feria. Cerca del lleno.

Las dos faenas de Miguel Abellán no fueron para echar cohetes. Mejor en su segundo, donde todo lo hizo el torero. El toro no pasaba y metía la cabeza a duras penas. Es verdad que el torero puso toda la buena voluntad del mundo.

El Juli banderilleó a sus toros con bastante vulgaridad. Sólo en el tercer par de su segundo toro hubo algo de emoción. La faena de su primer toro discurrió a base de muletazos que pugnaban entre los deseos de extrema precisión y la extrema vaguedad. En su segundo estuvo mejor, pero sin demasiadas excelencias. Pases aislados, alguno bueno y otros regulares. No ligó en ningún momento y se excedió en dar demasiados trotes después de cada muletazo, es decir, los pasitos atrás para aliviarse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002