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El caso del Gato Simbotas / 7. | INTRIGA EN LA MONCLOA

Se presenta la leal oposición

Sendas entrevistas con Trillo y Rajoy, éste en silla de ruedas tras su caída en la cava de Aznar, no arrojan luz sobre la muerte del animal. Paco se plantea llevarse el cadáver del gato y hacerle la autopsia. De madrugada, el telediario anuncia la muerte de un anticuario en Barcelona.

36 - Ahí está la financiación ilegal del PP -dijo Jesús Caldera, alborozado-, la demostración de la mentira y la hipocresía de José María Aznar, la descomposición de la patraña de la supuesta regeneración política y la caída al Gobierno. Antes de tres meses estaremos en La Moncloa. ¡Dios mío! Tengo que advertir inmediatamente a José Luis. Sería una grave irresponsabilidad por nuestra parte pretender gobernar ahora. Lo siento, caballero. Mi visita ha sido un error. Su caso no interesa al Partido Socialista. No queremos ensuciar la vida española. Adiós.

-Ya que me ha hecho abrir la consulta en pleno mes de agosto -intenté retenerle-, ¿no tiene usted ningún animal con problemas?

-Sí, hombre, jodío -rió-, para problemas de animales estamos. Anda, qué bueno, mi madre.

Y se fue.

Si Jesús Caldera decidiera ser Mortadelo no tendría dificultades en disfrazarse de espagueti, canutillo, pajita o cualquier otra cosa de poco peso. La única dificultad estaría en su escasa disposición a pasar desapercibido. Me sacaba de la cama, se autocitaba en mi consulta, me enchufaba una milonga sobre la financiación del PP y se iba.

Sobre mi mesa se desparramaba lo que parecía el alumbramiento del culebrón del verano: Salvador Tresserres, anticuario de postín, había sido asesinado. Tres disparos durante la siesta, en una habitación del hostal La Mala Reputación, que al parecer compartía tarde sí tarde también con la chica que limpiaba la casa familiar del anticuario, en la Barcelona altísima. La chica, nigeriana, inmigrante clandestina, había desaparecido tras el crimen. La policía había detenido al presunto asesino, mi federiquito, en una rápida acción que mostraba la eficacia del ministro del Interior, declaraba Mariano Rajoy, elogiando a Ángel Acebes para ganar puntos ante el Presidente tras su asalto frustrado a la cava de puros de La Moncloa. Por si al caso le faltara morbo, el anticuario estaba emparentado con un director general de la Generalitat catalana, y lo más curioso era que se trataba de una dirección general que no constaba en lugar alguno. 'Llevamos tantos años en el Gobierno que es normal que se nos traspapele algún alto cargo', declaraba Jordi Pujol. La situación del pariente de Tresserres, bautizado popularmente como director general de Mangas y Capirotes, provocaba un conflicto no pequeño: Pujol se negaba a cesarlo. 'Eso sería admitir responsabilidad de nuestro Gobierno en este asunto tan feo de la negrita', decían fuentes cercanas al President. Por otra parte, tampoco podía pensarse en una dimisión, dado que nunca había sido nombrado. El jefe del Gobierno catalán, Artur Mas, era partidario de dejar las cosas como estaban. 'Para lo que nos queda en el convento...', concluía. O tal vez no concluyera y simplemente sucedía que yo era incapaz de seguir leyendo. La noche anterior había sido larguísima.

37 -Se trata de entrar por la zona sur del Palacio de la Moncloa -dije con aplomo-. Creo que es la más desprotegida, por lo menos a simple vista. Llevaremos cuerdas, machetes, cuchillos, picos, palas y una bolsa de plástico grande de cierre hermético para llevarnos el cadáver de Simbotas. Lo haremos de noche y vestidos de negro. ¿Alguna pregunta?

Mayte, Juanma y sus respectivos dobles empinaron el gintónic para taparse la expresión de escepticismo. Me pareció que se estaban tomando el asunto como un juego y tuve un arranque de indignación. Me puse en pie.

-Si estáis en esto es porque queréis. Y ahora, me voy al lavabo a ordenarme las ideas y a orinar dos litros de cerveza. No descarto vomitar. Si dentro de media hora no he vuelto es que llevo un peloto más gordo de lo que imagino.

Las mesas y las sillas, así como la mayoría de los clientes del Caravasar, decidieron ir al lavabo al mismo tiempo que yo, o tal vez fuera que bailaban la versión de Check to Check de Ella Fittgerald y Louis Armstrong. Sólo sé con certeza que tuve algunos tropiezos en el recorrido. No vomité.

-El señor Esquina sabe cómo entrar en La Moncloa -dijo Juanma.

-Disculpe -dijo Esquina desde detrás de su barba de Valle-Inclán-, pero no he podido evitar escuchar su conversación.

-Y tampoco ha podido evitar entrometerse, claro -completé su frase.

-¡Paco! -era la primera vez en años que oía a Mayte hablar entre signos de admiración.

-No, no, nada, perfectamente normal -refunfuñé, sentándome en el suelo, no cayéndome de culo como un borracho patético, ojo: sentándome en el suelo.

-Coño, Paco, qué borde eres -me riñó Juanma, con el mismo retintín que utiliza siempre Laura para reñirme-, sólo sucede que el señor Esquina nos ha oído planear el asalto al Palacio de la Moncloa y piensa que tus planes son una bobada.

-O sea, tenemos nuevo jefe -dije, muy digno, echando un trago del cenicero de agua.

-Perdónenme -dijo Esquina reclinando su cuerpo hacia atrás con gran elegancia-, no quería importunarles.

-Además -escupí un poquito de ceniza en el pantalón de Esquina- querrá ligarse a la chica haciéndose el caballero.

-Escucha el plan, Paco, por favor. Señor Esquina, cuénteselo.

-Es muy sencillo -dijo Esquina, con repugnante humildad-. Se trata de entrar por la jeta. Por desgracia o por fortuna, ahora no viene al caso, en España hay tantas normas como excepciones. Todo el mundo sabe que está prohibido entrar en La Moncloa de noche, pero seguro que hay tanta gente que está eximida de esa prohibición que los responsables de seguridad no pueden conocerlos a todos. Basta con poner una cartulina blanca garabateada en el salpicadero del coche, acercarse a la barrera y señalar la cartulina al guarda. Seguro que pasamos sin problemas.

-Cuando dice 'pasamos', ¿debo entender que se sube al carro, mamón?

-Coño, Paco, es una buena idea -terció Juanma.

-Sin el señor Esquina yo no voy -encogió los labios Mayte. Estaba ridícula, en su silla y sobria, pudiendo estar beoda y deshuesada por los suelos como yo.

-¿Y si falla el plan? -dije en mi agonía.

-Imposible -sentenció Esquina vaciando dos vasos de Jack Daniels sin hielo-. Está basado en el robo de dos caretas de Tiffany's en Desayuno con diamantes.

38 -Te llamé anoche y no estabas -imposible saber si había más reproche o preocupación en la voz de Laura.

-Estruve bratajando hasta darde -farfullé.

-Joder, Paco -ahora ya no había duda: había bastante más reproche.

-Me duele un doquito la baqueza -sabía que era mejor no hablar, pero no era capaz de obedecer mis propias órdenes.

-Bueno, mira, Paco, mejor me llamas cuando tengas menos trabajo. Ya veo que estás ocupadísimo. Yo, en cambio, estoy fenomenal, todo el día cuidando de Marta, como el resto del año, no sé si recuerdas a Marta, es tu hija.

-¿No me breguntas qué he comido hoy? -arriesgué.

-Que te den por culo.

Colgó. Maldito martillo. Volvió a sonar el teléfono.

-Oye, gue yo de guiero -dije.

-Pues muchas gracias, señor mío, porque no vamos sobraos de cariño. Soy Jesús Caldera, portavoz del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados. Nada menos. ¿Qué le parece?

-Bien -ronqué.

-Creo que ha estao usted hablando con Felipe González por causa de un gato con botas.

-Simbotas.

-Da lo mismo. Quiero decirle que ha cometido usted un error al hablar con Felipe. Es un monstruo, pero las cosas han cambiado en el PSOE.

-Me alegro.

-¿Se alegra? ¿Vive usted en el rencor y el resentimiento?

-Ahora mismo no sé ni dónde vivo, tío -me incorporé, para darme cuenta de dos hechos terribles: había dormido en el sofá con los zapatos puestos y Mayte estaba caída en el suelo a mi lado semidesnuda.

-Dentro de una hora estaré en su consulta. En Boadilla del Monte, ¿no? Jodío. Usted sí que sabe, con Emilio Botín. Tengo la solución a su caso.

39 -Estooo -me había dormido con la cabeza caída sobre mi mesa y Jesús Caldera me despertaba con irritantes golpecitos de teléfono móvil en el hombro-, que dice José Luis que sí que estamos interesaos en este caso, que ahora hay que pisar el acelerador y aun así no es probable que lleguemos al Gobierno después del verano. Si se diera el caso, ya le ofreceríamos un pacto a la oposición. Que si me acompaña usted, hablaremos con calma. Oiga, ¿se encuentra usté bien?

-No.

-Así me gusta a mí la gente: directa. Yo soy igual. Hala, nos vamos.

-¿A dónde?

-Ya verá usted cómo José Luis le cae fenomenal -me dio un codazo amable Caldera, feliz como un muñeco de Barrio Sésamo, como Blas-. Es un monstruo. Y usted se me toma un Alka-Seltzer y se le pasa el mal de amores en un decir Jesús, o bueno, en un decir Jesús Caldera, ay mi madre, qué bueno, ja ja. Porque usted tiene mal de amores, a mí no me engaña.

Nada hay peor para un resacoso fatalista que un optimista bienhumorado. ¿Qué podía aportarme una entrevista con José Luis Rodríguez Zapatero unas horas antes de tomar el Palacio de la Moncloa al asalto?

Mañana, octavo capítulo: Operación Tiffany's

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002