Estaba soñando que bombardeaban el pueblo. Y despertaba a mi santo, que cuando me coge el sueño no hay manera de hacerlo vivo. Mi santo contestaba: '¿Eh?'. Yo le decía: 'Cariño, te despierto por causa de fuerza mayor, creo que ha llegado el momento de volver a Madrid porque, como observarás, nos están bombardeando'. Mi santo (hasta en sueños) se mostró reticente: 'Debemos ir al Ayuntamiento, tal vez haya que organizar un hospital de campaña y yo sé hacer torniquetes'. Es una de esas veces que, de verdad, me arrepentí de no haberme sacado el carné de conducir porque en un momento como ése, una mujer solvente, profesional, como soy yo, ve mermada su independencia. Si llego a saber conducir, por aquí voy a estar discutiendo si nos vamos o nos quedamos. Me monto en el Suzuki y adiós muy buenas. Y a los niños, que les den por saco también. Anda que es fácil sacar a estos niños de la piltra. Pero a lo que iba, qué extraña es la mente. Ustedes dirán que con semejante sueño me despertaría sudando, agitada. Para nada. Era un sueño, oyes, que me daba una paz que te cagas. Si queda algún psicoanalista entre mis lectores, por favor, ruego que me lo interprete.
'Señora', le dijo Evelio a mis tetas, 'me alegro de verlas'
Lo curioso fue que no me despertó el sueño, sino mi santo. De pronto siento que se incorpora su colchón aerodinámico (ver Tinto 2000). Que, por cierto, cuando compré los colchones con mandos personalizados, él, una vez más, se mostró reticente. Es cierto, he de reconocerlo, que cuando decidíamos mantener un acercamiento íntimo (echar un coito, vaya), era sumamente fácil escurrise por la raja divisoria, lo cual nos llevó a la situación de encontrarnos en momentos culminantes y estar más pendientes de mantener el equilibrio que del acto en sí. Pero no quiero seguir por ahí porque mi santo no me permite escribir de sexo: él sabe que soy muy aficionada a las encuestas y que me ha afectado esa que dice que el lugar de España donde menos se copula es Madrid, y lo que yo le digo, aunque sea por amor a la patria chica, tenemos que levantar la media.
Pero volvamos al lugar de los hechos: la cama. Mi santo, ya digo, ha pasado de quejarse del colchón a tomarle el gusto y ahora se pasa el día con el monomando. Lo vi incorporado, miré el reloj, las ocho de la mañana, y oí una taladradora. Mi santo dijo: 'Manzano nos ha descubierto'. La taladradora paró y oímos lo siguiente: 'Ave María, ¿cuándo serás mía?'. Nos levantamos y salimos al jardín: Evelio se fumaba un cigarro, miraba la zanja pensativo y volvía con Bisbal: 'Ave María, ¿cuándo serás mía?'. 'Es que he entrado porque tengo las llaves del año pasao'. Evelio tiene llaves de todos los chalés del pueblo. Ha dejado colgados a cientos de veraneantes. Es su venganza vernácula. Mi santo le dijo: 'Evelio, después de un año sin aparecer, viene usted sin avisar y a las ocho de la mañana'. 'Que si quieren yo me voy, dijo Evelio, que yo lo hago pa que no se parta la señora el morro con la zanja'; 'bueno, ya que está...'; '¿y sus chiquillos qué, en la cama, como siempre?; yo tengo a uno con una beca Erasmus, y a la otra, que sacó de las notas más altas de la selectividad, a esta hora ya anda camino de la autoescuela la jodía. Señora', le dijo Evelio a mis tetas, 'me alegro de verlas', y les añadió, 'si no es mucho pedir, me tomaría un cafelete aliñao con un chorretón de lo que sea'. Mientras mis tetas preparaban el carajillo, mis orejas oían a Evelio decirle a mi santo: 'Me han dicho que usted ya no escribe. Escriba usted, hombre, que eso es muy bonito. ¿Qué va a hacer usted si no escribe? Todavía yo, que sé tapar una zanja, pintar una pared, lo que me se ponga por delante; pero usted, como no escriba ya me dirá. Ave María, ¿cuándo serás mía?'. Mi santo entró en la cocina, se bebió de un sorbo el cafelete de Evelio y dijo: 'Ahora que sí voy a darle un corte'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002