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Reportaje:

"Intenté agarrarle y una ola se lo llevó"

Un superviviente del naufragio en el que murieron dos pescadores españoles narra la tragedia tras 10 horas abrazado a una boya

A Manuel Neves le fallaban ayer las fuerzas para hablar después de haberlas consumido todas durante "más de nueve horas" abrazado a una boya en alta mar. En ese agónico esperar, este experimentado marinero de origen gallego, aunque residente en Pasaia (Guipúzcoa), tuvo siempre en su mente el mismo pensamiento: "Tengo que salvar la vida".

Manuel Neves ha sobrevivido a un naufragio que este lunes se cobró la vida de cuatro compañeros de tripulación. La tragedia les sorprendió en la noche del lunes en los camarotes del pesquero francés Cistude cuando un carguero noruego, el Bow Eagle, de 170 metros de eslora y 15.000 toneladas en sus tripas se cruzó fatalmente en su camino. La embestida fue mortal para el Cistude, tripulado por tres españoles, un portugués y tres franceses. Tres de ellos desaparecieron en el momento mismo de la colisión y el cuarto fue engullido por el agua cuando le fallaron las fuerzas después de permanecer varias horas agarrado a una boya.

Las labores de rescate no lograron ayer encontrar sus cadáveres. Dos pertenecen a los pescadores vascos Joseba Solabarrieta y Manuel Vázquez, ambos de Ondarroa (Vizcaya), y el tercero al portugués José Baptista Da Silva, vecino de Pasaia, de quienes nada se supo desde la embestida del carguero. Tampoco hay rastros del francés Pascal Vassel.

Neves, de 44 años, casado y con dos hijos, rememoraba junto a su familia el drama vivido en esas circunstancias. "Sólo pensaba en salvar la vida", repetía. En su cuerpo le quedaron magulladuras en las costillas y un fuerte moratón en el codo, por lo que tuvo que acudir por la mañana a un centro médico. En el recuerdo quedaba presente la falta de sus compañeros.

Este náufrago relataba que apenas tuvieron tiempo para reaccionar cuando oyeron el fuerte ruido causado por la embestida del buque noruego: "Nos vimos en medio del agua después de comprobar que nuestro barco se fue a pique. A partir de ahí sólo podíamos aguantar". El patrón del Cistude, Jean-Yves Barbeau, y los navegantes Thierry Moulic, Manuel Neves y el después fallecido Pascal Vassel lograron aferrarse a dos boyas en medio del Atlántico, mientras observaban cómo se fugaba el mercante noruego que les abordó minutos antes. Mientras tanto, el Cistude quedó alojado en el fondo marino, a 158 metros de profundidad.

"Volveré a la mar"

Neves recuerda una espera "dramática e interminable", aunque el cansancio físico y emocional acumulados le impedían refrescar la memoria de unas horas épicas. "Salté al agua cuando vi que se hundía nuestro barco. Allí intentamos resistir unidos, pero Pascal no pudo aguantar, aunque intenté sujetarle. Una ola le llevó", decía.

El mismo valor y fortaleza física que demostró para sobrevivir al naufragio le valían ayer para afirmar sin titubeos: "Volveré a la mar". "Lo que nos ha pasado en el agua nos puede ocurrir de otra forma en tierra. Además, yo sólo sé hacer esto".

Neves lleva 30 años como marinero a sus espaldas y "varios sustos en el cuerpo". En Pasaia, la satisfacción "a medias" de la familia de Neves contrastaba con la consternación causada por la muerte de otro marinero vecino, José Baptista.

La cara más triste del drama se reflejaba ayer en los rostros de los familiares de los pescadores fallecidos. La esposa del navegante de Ondarroa Manuel Vázquez, muy nerviosa y desconsolada, rehusó cualquier comentario sobre lo ocurrido. "Mi marido está en el fondo del mar y yo estoy aquí muerta", se dolía y repetía con insistencia: "No conozco al armador, no conozco al armador".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de agosto de 2002