No es seguro que las lágrimas llegaran a saltar de los ojos de Pete Sampras, pero tenía motivos para llorar. Doce años después de haber logrado su primer título del Grand Slam, en el Open de EE UU en 1990, el jugador de Washington volvió a coronarse por quinta vez en el mismo torneo y frente al mismo rival, su compatriota Andre Agassi. Le ganó tras un emotivo partido por 6-3, 6-4, 5-7, 6-4 en 2 horas y 54 minutos, ante 24.000 espectadores atónitos que se frotaban los ojos para comprobar que aquello no era un sueño y que era el Sampras de 31 años el que estaba jugando a un nivel similar al de sus mejores tiempos.
Quizás, el menos sorprendido por todo lo que ocurrá fuera el propio Agassi acostumbrado, como reconoce, a sacar lo mejor de Sampras cada vez que se enfrenta a él. Son dos viejos rockeros, dos viejos conocidos que han compartido 34 batallas, cinco de ellas en finales del Grand Slam, y que saben a la perfección qué puede dar de sí cada uno. Por eso, aunque nunca se resignó a la derrota, el jugador de Las Vegas era quien más conciencia tenía de que si su rival rendía a su mejor nivel, sus opciones eran escasas.
Y eso fue lo que ocurrió hasta que la exigencia física comenzó a ser excesiva. Entonces, Sampras sufrió, pasó por momentos de apuro y pudo incluso perder. Pero Nueva York se ha convertido en su feudo. Y en la pista Arthur Ashe se ha redimido de todas sus decepciones y ha recuperado su propia autoestima en los últimos dos años. Tras su última victoria en Wimbledon en 2000, el ex número uno mundial pasó por el infierno y en dos temporadas no logró ningún título y no logró pasar de octavos en los tres primeros Grand Slam del año. Sólo el open americano le salvó de una debacle total, porque aquí alcanzó dos veces la final, que perdió ante Safin y Lleyton Hewitt.
Trece títulos del Grand Slam, un récord único, avalaban su condición de mejor jugador de la historia, pero Sampras se negaba a despedirse con la imagen de la derrota. Trató de buscar incentivos con varios cambios de entrenador, hasta que decidió recuperar a Paul Annacone. Y ayer cuadró su objetivo (84 golpes ganadores y 33 aces). Era un día para sentirse feliz. Una jornada que comenzó con las melódicas notas de "Puente sobre aguas turbulentas" y de "América" en la voz de Art Garfunkel, bajo la ondeante bandera estadounidense que los bomberos levantaron el año pasado en las ruinas de las Torres Gemelas. Un día que acabó con el que puede ser el último triunfo, el 14º gran slam, del tenista más grande, Pete Sampras.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de septiembre de 2002