La industria básica española no utiliza el mercado liberalizado para comprar energía pese a que puede hacerlo desde 1998. Un centenar de grandes compañías químicas, cementeras, papeleras y siderúrgicas pagan sus recibos por el sistema de tarifa porque los precios en el mercado libre son mucho más altos que los regulados. Sólo el 30% de la energía consumida por el sistema eléctrico español está en el mercado libre, a un precio superior al de Francia y Alemania.
mercado libre, a un precio superior al de Francia y Alemania.
Diez años después de la implantación del Mercado Único europeo, el sector eléctrico español se resiste a ser competitivo. Debido a ello, las grandes compañías industriales se ven forzadas a comprar su energía a través de tarifas reguladas, que fija anualmente el Gobierno y que sirven para equiparar el coste energético español con el que soportan sus competidores europeos. En esta situación se encuentran químicas como Solvay, Aragonesas, Ercros y Electroquímica de Hernani; las cementeras Uniland, Valenciana de Cementos, Asland o Cementos Molins; las siderúrgicas Aceralia, Acerinox, Celsa; la productora de aluminio Alcoa, y la papelera Torrespapel, entre otras.
La industria española vende sus productos en los mercados internacionales, que han desmontado sus antiguas barreras arancelarias y se encuentran en régimen de plena competencia. Sin embargo, una parte importante de los costes de estas empresas -los energéticos- están condicionada por el funcionamiento oligopolístico del sector en el mercado libre. Para paliar este efecto, grandes empresas industriales prefieren seguir pagando la electricidad por medio de la tarifa. El hecho de que las tarifas sigan siendo necesarias para lograr un tratamiento similar al recibido por otros industriales europeos, es una medida de la ineficacia del modelo español de liberalización energética.
Antoni Zabalza, presidente de Ercros y de la AEGE, la asociación de empresas de gran consumo de energía, afirma: "Dada la situación del mercado eléctrico español, es indispensable que sigan existiendo las tarifas y es bueno que se aclare su evolución futura hasta 2010, pero la solución definitiva pasa por la consecución de un verdadero mercado único europeo de la energía, en el que todas las empresas de la UE paguen lo mismo por la electricidad. Para ello, debe acelerarse el aumento de capacidad de la conexión internacional con Francia y debe permitirse a los grandes consumidores el uso comercial de esta conexión. Si no podemos conseguir la electricidad a precios competitivos dentro de España, tendremos que salir fuera a buscarlos".
El mercado liberalizado tiene en la actualidad unos 70.000 puntos de suministro autorizados en toda España. Sin embargo, sólo 32.000 han ejercido este derecho y en conjunto representan el 57% de la energía cualificada -la de los grandes consumidores- y el 30% de la energía total consumida por el sistema eléctrico peninsular. Entre los grupos de grandes consumidores que no han accedido al mercado libre, aunque por ley podrían hacerlo, se encuentran el sector del aluminio, que tiene la tarifa G-4; las grandes industrias unidas a la red de alta tensión (tarifas THP e interrumpibles); y los puntos de suministro que gozan de la llamada tarifa de tracción (fundamentalmente Renfe y las compañías del metro).
A estos grupos se les han añadido 30.000 pequeñas y medianas empresas (pymes), que se mantienen en tarifa pese a estar cualificadas, desde julio de 2001, para acudir al mercado libre. Finalmente, tampoco utilizan los canales de la liberalización los 12.280 puntos de suministro de riego agrícola españoles conectados a la alta tensión.
El año de apertura del sector eléctrico (1998), los precios ofertados en el mercado libre -el llamado precio del pool- experimentaron sustanciales rebajas de hasta el 20%. Sin embargo, aquel éxito inicial fue sólo una llamarada sin continuidad alguna. Así, las posteriores revisiones anuales de los precios del pool han mantenido un alza constante, hasta situarse muy por encima de los precios de la electricidad para uso mayorista hoy vigentes en el mercado centroeuropeo que demanda a las grandes compañías de Francia (Électricité de France) y Alemania (RW, EnBV).
La liberalización retrocede
La explicación se encuentra en la estructura de la oferta: al pool concurren las empresas generadoras, pero dos de ellas -Endesa e Iberdrola- se llevan el 80% de las operaciones. El peso de este duopolio tiene mucho que ver con el hecho de que, en apenas cinco años, el porcentaje de consumo negociado en el mercado abierto no sólo se ha estancado, sino que presenta una clara recesión. Es decir, la liberalización no sólo está detenida; retrocede.
El primero de enero de 2003 está prevista la liberalización total del resto del mercado eléctrico; es decir, el sector doméstico y las pymes que consumen baja tensión. Las familias españolas podrán elegir suministrador a partir de enero, pero en realidad no les saldrá a cuenta porque el precio del mercado libre es demasiado alto. Para corregir en parte esta situación, el Ministerio de Economía ha anunciado una subida escalonada de tarifas en los próximos años, siempre que no suponga tensión inflacionaria.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de septiembre de 2002