"Pedimos a la comunidad mundial que presione para que Rusia retire sus tropas de Chechenia. Si quiere ayudarnos, difúndalo. Eso nos salvará la vida". Así se expresaba a las ocho de la tarde de ayer (dos horas menos en la España peninsular) Anna Adriánova, una mujer de 33 años, a la que EL PAÍS contactó por su teléfono móvil en el interior del teatro de Moscú donde los secuestradores chechenos retenían a cerca de 700 personas a punta de metralleta. "Estoy sentada en la sala junto a otros rehenes. La situación es normal, no se ha alterado. Perdone, no puedo hablar más", dijo Adriánova antes de cortar la comunicación. Se acercaba el fin de la primera jornada de un secuestro espectacular.
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Pero no parecía estar próximo el desenlace de esta historia que ya es dramática. Por la tarde, el cadáver de una joven de unos veinte años fue sacado en una camilla de la antigua casa de cultura de la Fábrica de Rodamientos, ese teatro donde durante más de un año se ha representado un musical de moda y que ayer estaba cercado por la policía, los bomberos y carros blindados. Junto al teatro, con sus camas disponibles había quedado un hospital de veteranos de la Segunda Guerra Mundial del que habían sido evacuados la noche anterior 500 ancianos internados en él.
La mujer asesinada, cuya identidad no había sido establecida porque no llevaba documentación, tenía heridas de arma de fuego en el pecho, varios dedos rotos y una quemadura de pólvora en la mano, según manifestó el portavoz del Servicio Federal de Seguridad (FSB), Serguéi Ignátenko. Tal vez, el asesinato daba sentido a la información no confirmada del día anterior, según la cual la sangre manchaba el vestíbulo del teatro desde el comienzo mismo de la toma de rehenes. Para reconstruir todo lo ocurrido e incluso para poder precisar cuándo comenzó a suceder quedaba aún mucho trabajo, a la vista de que los secuestradores parecía que habían traído un verdadero arsenal al teatro, haciéndose pasar por trabajadores de reparaciones del restaurante, según una de las cadenas de televisión rusa.
La tensión fue en aumento a lo largo del día. Dos mujeres lograron huir por la tarde del teatro y una de ellas resultó herida después de que los terroristas intentaran impedírselo disparando con un lanzagranadas. "Han minado el local y han atado dinamita a las butacas", dijo Maxim, un estudiante de 23 años, que estuvo entre los primeros liberados, pero cuya madre, María, se encontraba todavía ayer en el interior del teatro. Maxim, a quien EL PAÍS contactó por su móvil, afirmó que sobre el mediodía su madre le había informado que "la tensión ha ido en aumento, porque los secuestradores tienen un estado de ánimo muy volátil y hay mucho nerviosismo". "Sobre todo, insistían en que no se debe asaltar el edificio", afirmó.
El cruel Movsar Baráyev
La antigua Casa de Cultura de la Fábrica de Rodamientos, cuyo proletario nombre es fruto de una época en la que las empresas tenían sus propios centros de espectáculos para esparcimiento de sus obreros, se convirtió ayer en el epicentro de la vida política de toda Rusia. Allí convergían diputados, funcionarios, embajadores y diplomáticos, candidatos a mediadores y sobre todo curiosos, que en la acera discutían apasionadamente sobre posibles salidas de la crisis.
Los secuestradores aparentemente están dirigidos por el cruel Movsar Baráyev, un representante de las generaciones más jóvenes de guerrilleros chechenos, dado por muerto en diversas ocasiones, y uno de los artífices del negocio del secuestro y venta de esclavos en Chechenia. Los secuestradores alteraban sus exigencias constantemente, según personas que tuvieron contacto con ellos. Fuentes del comité de emergencia dijeron que los terroristas habían dividido a sus rehenes en varios grupos, separando a mujeres de hombres, y también a los extranjeros y a los ciudadanos de Rusia y Ucrania. Los teléfonos de los secuestradores funcionaron e hicieron llamadas a receptores en Turquía, Chechenia y los Emiratos Arabes. Básicamente, los chechenos exigían la retirada de las tropas federales de la república secesionista y el fin de la guerra. Los interlocutores oficiales de los secuestradores eran cada vez de mayor nivel. Por la noche, el asunto estaba ya en el Kremlin. El éxito coronó la gestión de Iosif Kobzoón, que entró en dos ocasiones en el teatro. Este famoso cantante ruso, a quien EE UU negó el visado en el pasado por sus presuntas conexiones con ambientes delictivos, se las arregló conjuntamente con dos funcionarios suizos de la Cruz Roja para sacar a cinco personas, entre ellas tres niños, una mujer rusa y un ciudadano británico, que tuvo que ser hospitalizado. Fuentes del FSB señalaban anoche que en total había en el teatro alrededor de 700 rehenes, de los cuales 75 eran extranjeros. Entre ellos el contingente más elevado es el ucraniano con 23 personas. También hay norteamericanos, alemanes, canadienses, holandeses, turcos, moldavos, armenios y de otros países. Entre los retenidos no hay españoles. Sobre las seis y media de la tarde se oyeron dos tiros junto al palacio de cultura y la policía arrestó a una persona.
Negociar
La vicepresidenta de la Duma Estatal, la liberal Irina Jakamada, fue admitida por los terroristas como interlocutor y llevó al Kremlin el mensaje que le trasmitieron seis secuestradores armados con fusiles Kaláshnikov y vestidos con chalecos antibalas. "Lo más importante es mantener un proceso de negociación con los que toman las decisiones", dijo la diputada.
Por su parte, el político Grigori Yavlinski, jefe del grupo parlamentario Yábloko, llegó ayer mismo procedente de Siberia, tras recibir una llamada de los representantes de los secuestradores. Según Yavlinski, las personas que le contactaron le pidieron que se presentara en el teatro, sin escolta, sin armas y sin plantear condiciones. El político entró en el edificio y salió más tarde sin hacer declaraciones, aunque un asesor señaló que se dirigía al Kremlin para informar a Putin de la situación.
Los terroristas se negaban ayer por la tarde a aceptar una partida de 700 raciones de comida, según manifestó el diputado de la Duma Valeri Dragánov, ya que consideraban que "no necesitaban ni comida, ni bebida, y en cuanto a los rehenes, debían sufrir conjuntamente con los que los habían secuestrado". Se avinieron sin embargo a dejar entrar a dos médicos de nacionalidad jordana.
Los secuestradores dijeron estar dispuestos a entregar 50 rehenes a cambio de Ajmad Kadírov, el jefe de la Administración prorrusa de Chechenia. Dos diputados de la Duma ofrecieron canjearse por los rehenes. La Cámara baja del Parlamento ruso debatió ayer el secuestro en la primera sesión donde aborda la guerra de Chechenia desde que inaguró su mandato en 2000.
Desde Bruselas, los Quince condenaron el asalto del teatro y la toma de rehenes por parte de los terroristas chechenos y estuvieron de acuerdo en apoyar "cualquier acción" que el presidente Putin pudiera adoptar para terminar con la crisis, informa Bosco Esteruelas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de octubre de 2002