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ASALTO EN MOSCÚ

El secuestro del teatro de Moscú acaba con al menos 10 rehenes muertos

El asalto comenzó inmediatamente después de que los terroristas matasen a dos rehenes

Las fuerzas especiales rusas asaltaron en la madrugada de hoy, en torno a las 6.00 (4.00 hora peninsular española), el teatro de Moscú en el que terroristas chechenos retenían a 700 personas. El ataque se produjo después de que los secuestradores cumpliesen su amenaza de comenzar a ejecutar a los rehenes en caso de que el Ejército ruso no se retirase de Chechenia. Los terroristas mataron a dos hombres. El Gobierno ruso confirmó en torno a las 7.20 que el jefe del comando checheno, Movsar Barájev, había muerto y que los secuestradores habían sido reducidos, aunque no dio ninguna cifra oficial de muertos. Varios testigos señalaron que los rehenes estaban abandonando el edificio y también que estaban sacando numerosos cadáveres del teatro.

A las 7.25 de esta mañana, el Kremlin informó de que las fuerzas especiales habían logrado tomar completamente el teatro. Desde el principio, los representantes del Gobierno ruso habían señalado que, si los terroristas cumplían con su amenaza de matar rehenes, tomarían el teatro al asalto. Cuando se confirmó la muerte de los dos primeros rehenes, comenzó la operación, que sólo fue confirmada una vez terminada.

Un miembro del Gabinete de Seguridad, Pavel Kudryavtsev, aseguró a los reporteros cerca del teatro que el líder del comando, formado por unas 40 personas, había muerto y que el teatro, en el que unas 700 personas eran retenidas desde el miércoles, estaban bajo control de las fuerzas rusas. Fuentes hospitalarias indicaron a la agencia France Presse que al menos 10 rehenes habían muerto durante el asalto.

Serguéi Yastrzhembski, portavoz del presidente ruso, Vladímir Putin, facilitó la información de la muerte de Baráyev después de una caótica sucesión de tiroteos, explosiones, muerte y evasión de rehenes. "Otros muchos" guerrilleros chechenos "han sido aniquilados" en el asalto del teatro por unidades especiales de las fuerzas de seguridad de Rusia, dijo Yastrzhembski.

Frustrados por la falta de un interlocutor oficial con competencias para negociar -el Kremlin no llegó a nombrar a ningún mediador oficial-, los terroristas chechenos que retenían a cerca de 700 personas en un teatro de Moscú cumplieron su amenaza y mataron a dos personas y hirieron a otras dos, un hombre y una mujer, esta madrugada. Poco después comenzó un intenso tiroteo en el interior del teatro, con el que comenzó el asalto. En el exterior primero se produjo un gran movimiento de tropas y blindados y, posteriormente, numerosas ambulancias se acercaron al lugar sin que se informase sobre el número de muertos.

Un responsable del Gabinete de crisis, Pavel Kudriatsev, confirmó la muerte de dos rehenes y señaló que los terroristas chechenos estaban cumpliendo su ultimátum de comenzar a asesinar a las personas retenidas a las 6.00 si las tropas rusas no abandonaban Chechenia.

La subordinación de los principales medios informativos a una restrictiva política informativa hizo que fuese imposible saber a lo largo del día de ayer en qué medida los terroristas tenían intención de cumplir con el ultimátum de fusilar a los rehenes a partir de la madrugada si no se cumplen sus exigencias.

La amenaza, divulgada por la emisora El Eco de Moscú, procedía del servicio de prensa de la compañía productora del musical Nord-Ost, que daba cuenta de las declaraciones de uno de sus compañeros, ahora prisionero en el interior del teatro. "Los guerrilleros habían decidido desde el principio que el plazo para el cumplimiento de sus exigencias era de tres noches. Este plazo expira mañana (por hoy). Después comenzará el fusilamiento de los rehenes", señalaba el mensaje. El portavoz oficial del comité de emergencia, Serguéi Ignátchenko, ya había dicho ayer que, en el caso de que cumplieran su amenaza, "los órganos del orden público adoptarán las medidas adecuadas".

En una reunión con líderes parlamentarios, el presidente Vladímir Putin había calificado la situación de "difícil", dijo "estar abierto a todos los contactos" y afirmó, sin dar detalles, que "todas las propuestas siguen en vigor". El líder instó a unir esfuerzos para "salvar la vida" de las personas retenidas.

A visitar a los terroristas acudió anoche el ex jefe del Gobierno ruso Yevgueni Primakov, quien hace poco se pronunció a favor de la negociación con los guerrilleros, además de criticar la política oficial y las actuaciones de los militares en la república secesionista. Primakov se limitó a decir a los periodistas que había "conversado", pero no "negociado". Un poco más explícito fue el general Ruslán Aúshev, el ex presidente de Ingushetia y veterano de Afganistán, quien confirmó que los secuestradores exigían ver "a una persona con poder". Aunque los políticos que han pasado por el teatro acaban yendo al Kremlin a transmitir los mensajes recibidos, ninguno, que se sepa, ha sido designado por Putin para presentar propuestas en su nombre. Dentro del baile de enviados al teatro, un grupo de embajadores solicitó su entrada en el mismo. Pero los secuestradores dijeron de forma tajante que recibirían a "tiros" a cualquier visitante no autorizado. La expedición diplomática quedó así abortada.

Por su parte, Putin condenó el "incremento de las amenazas hacia los chechenos" y señaló que no había que caer en provocaciones ni permitir que se fomentara el odio entre las comunidades étnicas. El líder ruso tiene motivo para preocuparse. Los habitantes del pueblo de Serebrianka, en la región de Tver, han formado un grupo de combate "para el exterminio de los chechenos" residentes en la localidad, informaba la agencia Ria-Nóvosti. En Serebrianka viven cerca de 900 chechenos. Desde otras provincias, incluida la ciudad de San Petersburgo, llegaban ayer noticias inquietantes sobre los peligros de asaltos y represalias contra los chechenos. Por su parte, la provincia de Moscú, que gobierna el general Borís Grómov, ha anunciado que se dispone a "deportar" a todos aquellos que no cumplan las normas locales de empadronamiento. Esta medida tiene un dudoso carácter legal, ya que contraviene la Constitución rusa, que garantiza la libertad de movimiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de octubre de 2002