El Partido Popular en la Comunidad Valenciana ha decidido remar con brío en la batalla electoral ante el temor de que la suave tendencia a la baja que le marcan las encuestas -junto con el ligero repunte que vaticinan para los socialistas- no sea sólo una disminución pasajera de la corriente que les ha llevado a cosechar mayorías absolutas, sino un giro en el cauce que lleva a un remanso.
Los populares han marcado con firmeza el eje de campaña que les guiará, al menos, hasta la convocatoria oficial de los comicios autonómicos y locales el próximo 1 de abril. Este eje tiene una imagen: la del agua. Un agua representada en el Plan Hidrológico Nacional y en el trasvase del río Ebro.
El eje de campaña popular se centra en el agua para mostrar la debilidad de la oposición
Realizar un envite a EU para que no entre en el reparto de escaños se ha descartado
Fuentes del comité electoral del PP reconocen que la decisión se adoptó hace meses y que se mantendrá, al menos, hasta la víspera del inicio oficial de la campaña electoral. El objetivo es tan sencillo como demoledor: centrar la atención del elector en la debilidad y la disparidad de las posiciones socialistas. Y, sobre todo, contrastar la fortaleza que esgrimen otros dirigentes socialistas negándose al trasvase, como Pasqual Maragall y Marcelino Iglesias, con la endeblez de Joan Ignasi Pla. Junto al mensaje en negativo que transmiten de la oposición, los populares reiterarán hasta la saciedad que son los únicos que se identifican con "el pueblo valenciano" y con sus intereses. Conclusión, quién esté en contra del PP estárá en contra del pueblo valenciano.
Así, la maquinaria electoral del PP, que ha demostrado una eficacia excepcional desde 1993 en la Comunidad Valenciana tiene el objetivo marcado de mantenerse por encima del listón del millón de votos. Para lograrlo, los estrategas del partido en el gobierno han de mantener el voto de centro -fundamentalmente de clases medias urbanas- arrebatado a los socialistas en anteriores convocatorias y, en menor medida, evitar desprendimientos de voto valencianista en la ciudad de Valencia.
Miembros de la dirección del Partido Popular en la Comunidad Valenciana reconocen que analizaron la posibilidad de endurecer las críticas hacia Esquerra Unida con el objetivo de situar su listón electoral por debajo del 5% de los votos emitidos e impedir su entrada en las Cortes Valencianas. Una opción aplicada a los regionalistas que les garantizó la mayoría absoluta en los comicios de 1999 al expulsar a Unión Valenciana al mundo extraparlamentario pero que se ha descartado en esta ocasión. En las elecciones autonómicas de 1995 el PP obtuvo 1.013.859 votos frente a los 1.085.011 de 1999. Con tan escasa diferencia de votos, los populares se garantizaron en la actual legislatura una amplia mayoría absoluta al reducir de cuatro a tres el número de partidos que entraban en el reparto de escaños. En esta ocasión, los estrategas electorales del PP han llegado a la conclusión de que el esfuerzo de realizar un envite en campaña para impedir que Esquerra Unida entrase en el reparto de escaños, además de costoso, no garantizaba el éxito de la operación. Especialmente tras la coalición con Els Verds que garantiza al voto fidelizado de Esquerra Unida un plus suplementario que garantiza su presencia en Cortes Valencianas.
El análisis del PP respecto a Unión Valenciana, tras un trabajo electoral bien hecho durante la legislatura 1995-1999, se ha centrado en mantener a los regionalistas fuera de las instituciones. Una misión relativamente sencilla gracias a un candidato, Francisco Camps, que destila de manera natural un sentimiento valencianista -son frecuentes sus referencias a la necesidad de potenciar el territorio e iconos patrios como Jaume I, el derecho foral, etc- y a la patrimonialización de la figura del fallecido Vicente González Lizondo con el consentimiento de sus herederos, pese a que nunca llegó a militar en el Partido Popular. Los regionalistas siguen concentrando todavía la gran mayoría de su exiguo apoyo electoral en la ciudad de Valencia (casi el 20% de los sufragios conseguidos en 1999 en la Comunidad Valenciana). Motivo por el que destinarán gran parte de su esfuerzo electoral a lograr que su presidente, José María Chiquillo tenga cobertura institucional como concejal del Ayuntamiento de Valencia tras el 25-M. Aún así, los populares cuentan en la ciudad de Valencia con un sólido bastión en la figura de Rita Barberá y un eficiente concejal de pedanías para evitar un rebrote de UV en la ciudad.
Pese a todo, la estrategia electoral del Partido Popular se centrará fundamentalmente en el cuerpo a cuerpo con los socialistas. Por un lado esgrimirán la "gestión brillante" realizada en esta legislatura por Eduardo Zaplana -José Luis Olivas queda relegado a un segundo plano-. Un mensaje que se complementará con las campañas publicitarias de difusión de sus principales candidatos, en especial Francisco Camps, para mejorar el bajo índice de conocimiento y popularidad con el que partió el pasado verano. Por otro lado, el PP insistirá sobre todo con la idea de que la oposición carece todavía de solidez suficiente como para presentar un proyecto alternativo, que en el mejor de los casos necesitaría el apoyo de Esquerra Unida para gobernar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003