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Tribuna:

Pensiones en el fondo

Aunque la importancia relativa de los planes y fondos de pensiones en España es todavía muy inferior a la que representa en los países financieramente más desarrollados -sobre todo Estados Unidos y el Reino Unido-, dicha fórmula de ahorro y previsión ha registrado un fuerte incremento en nuestro país, tanto en términos nominales como en peso relativo sobre los activos financieros de las familias. Así, al cierre de 2002 se eleva a algo más de 48.000 millones de euros el patrimonio total de las diferentes categorías de planes de pensiones en España, cifra que estimamos que representa algo más de un 7% de la riqueza financiera de las familias, frente al escaso 2% que dicha participación representaba a mediados de los noventa.

Es muy importante el buen funcionamiento de las comisiones de control, encargadas de velar por la profesionalidad de la gestión

Dos factores estarían, por encima de cualesquiera otros, detrás de ese crecimiento tan considerable de los planes de pensiones: el favorable tratamiento fiscal y la creciente sensibilización sobre la necesidad de contar con un complemento a un sistema público de pensiones sobre cuya capacidad para mantener a largo plazo los actuales niveles de prestaciones aparecen dudas cada vez mayores.

Es ese carácter de complemento de la jubilación lo que otorga a los planes de pensiones su peculiar naturaleza, a la hora de gestionar sus activos y asumir riesgos, y especialmente en cuanto a la sensibilidad que en los partícipes pueden producir la aparición de rentabilidades negativas. Ése ha sido el caso en los tres últimos años en casi todas las categorías de planes de pensiones individuales con algún peso de renta variable en su composición de cartera. En el caso más extremo, de los planes catalogados específicamente como de renta variable, la rentabilidad registrada durante el año 2002 es de un negativo 30%, que se eleva a -50% acumulado para el periodo de los tres años completos 2000 a 2002, descensos que incluso superan a los registrados en idénticos periodos por los índices bursátiles más representativos de las bolsas españolas, y que invitan a hablar de "pensiones en el fondo", en vez de fondos de pensiones.

Podría argumentarse, y ésa es la motivación que lleva a muchos partícipes a asumir una clara vocación de renta variable en sus planes de pensiones del sistema individual, que el horizonte temporal de éstos es generalmente a muy largo plazo, en el cual la renta variable domina claramente a otras alternativas inversoras, al menos a juzgar por la evidencia empírica disponible. Ahora bien, en el corto plazo las oscilaciones pueden ser extraordinariamente elevadas, produciendo la lógica decepción en el caso de los partícipes que vigilan de cerca la evolución de su patrimonio.

Pero hay algo más serio que ese efecto visual de pérdida de valor "de papel", y es el que se produce, en los planes del sistema de empleo, con aquellos trabajadores que pasan a edad de jubilación justo en un periodo de rentabilidades fuertemente negativas, y en los que la caída registrada ya no es sólo "de papel", sino que tiene un negativo efecto directo sobre la pensión futura a percibir a partir de ese momento. Esa especial sensibilidad en este tipo de planes cobra una relevancia adicional si se tiene en cuenta que, contrariamente a los planes individuales, en los que cada partícipe puede optar por el tipo de plan, gestora, etc., en los de empleo no se tiene dicha capacidad, generándose en los mismos cierta sensación de "cautividad" respecto a la gestora.

Es por ello que cobra una importancia capital el buen funcionamiento de las comisiones de control, encargadas de velar por la profesionalidad de la gestión y su adecuación a los perfiles de riesgo aceptables para el colectivo de beneficiarios de los planes de empleo.

Ángel Berges y Amadeo Reynés son socios de Analistas Financieros Internacionales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 2003