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Crónica:FÚTBOL | La jornada de Liga

Osasuna frena al Barça

Los azulgrana desaprovechan dos ventajas en El Sadar

El Sadar volvió a ser un escenario frustrante para el Barça. No gana en Pamplona desde hace tiempo y el empate no le sirve de gran cosa en su fatigoso transitar por la Liga. La racha de victorias de Antic se rompió justo al final del partido, cuando Rivero pilló un rechace que Enke, desafortunado, le dejó a sus pies. Osasuna tuvo la virtud de no firmar la rendición y el Barça acabó pagando una mala suerte que amenaza con ser endémica este año. Overmars había enviado justo antes del empate un balón al poste. No sólo eso: Bonano, que había estado impecable, fue retirado en camilla a media hora del final por un golpe en un ojo después de un codazo estremecedor de Iván Rosado. Su sustituto recibió los dos goles navarros en doce minutos, que sirvieron para igualar el choque. Saviola, otra vez letal, abrió el marcador y Luis Enrique, el mejor revulsivo del Barça, pareció sellar la victoria. Pero Rivero provocó un inmenso alivio en El Sadar con un punto que le sirve para alejarse de las zonas de riesgo de la tabla.

OSASUNA 2 - BARCELONA 2

Osasuna: Sanzol; Josetxo (Brit, m. 69), Cruchaga, Mateo, Antonio López; Puñal, Alfredo (Muñoz, m. 57); Rivero, Iván Rosado, Manfredini (Moha, m. 59); y Aloisi.

Barcelona: Bonano (Enke, m. 71); Oleguer, Reiziger, De Boer, Sorín; Mendieta, Xavi, Motta, Riquelme; Saviola (Overmars, m. 66) y Dani (Luis Enrique, m. 35).

Goles: 0-1. M. 62. Mendieta centra desde la derecha y Saviola conecta un remate durísimo.

1-1. M. 79. Iván Rosado cabecea un centro de Moha.

1-2. M. 85. Riquelme habilita a Luis Enrique, que remata con la zurda y el cuero entra a la red tras rebotar en Mateo.

2-2. M. 91. Moha remata, Enke rechaza y Rivero empuja a la red.

Árbitro: Daudén Ibáñez. Amonestó a Aloisi, Josetxo, Alfredo, Mendieta, Sorin y Motta.

Unos 18.917 espectadores en El Sadar.

Posiblemente, el empate del Barça se fraguó con la lesión de Bonano, cuya ausencia devolvió toda la inseguridad a una defensa que en 12 minutos recibió tantos goles como en los cinco últimos partidos. Fue en ese momento cuando, curiosamente, Riquelme apareció y el Barça generó las mejores ocasiones de gol.

El Barça, sin embargo, no pasó apuros en defensa en la primera parte, especialmente porque Osasuna fue muy inocente y porque Bonano paró todo lo que le llegó. El descanso le vino bien al Barça porque hasta entonces fue un equipo plano e inexistente. Motta tuvo que hacer de Cocu y, a juzgar por el balance final, cumplió con su cometido: barrió todos los balones, especialmente diligente en la recuperación, y ayudó a la zaga. Pero a partir de ahí empezaron los problemas: Xavi no pudo conectar nunca con Mendieta ni Riquelme, ausentes, lentos y más desdibujados que nunca. Saviola, muy solo arriba, debió añorar ayer a Kluivert. Le llegaron los balones con cuentagotas.

Luis Enrique, debilitado por su reciente gripe, sustituyó al delantero y enderezó al Barça. Casualidad o no, su salida coincidió con las primeras señales de vida. El pibito metió el pie justo para que Sanzol se luciera poniendo la mano, pero Rivero avisó con lo que vendría poniendo en aprietos a Bonano. Antic tiró entonces de la consistencia de Luis Enrique y avanzó las líneas y la presión. El resultado no tardaría en llegar. Mendieta se tapó la cara con las manos tras errar lo que falló: se plantó sólo ante Sanzol y no lo aprovechó. El vasco se redimió después: metió un centro para Saviola, que se aprovechó de un error de Cruchaga, que acabó en la red. El pibito enfiló después el vestuario.

El gol dio la impresión de que tranquilizaría al Barça, pero en ese momento empezó su fatalidad. Bonano puso una mano providencial para salvar un balón y acabó después conmocionado en el césped. Enke, que desde el partido de Copa en Novelda sólo había jugado dos partidos europeos intrascendentes, no tardó en recibir el gol de Iván Rosado. De Boer no le ayudó en la Copa y tampoco ayer. Quedaba el tramo final del partido, roto ya, vertiginoso, a merced de cualquiera, ingobernable. Osasuna se fue al ataque y el Barça exprimió los contragolpes. Riquelme, perdido hasta ese momento, regaló entonces una asistencia prodigiosa a Luis Enrique, que marcó. El partido parecía escrito a favor del Barcelona, pero entoces Rivero, otra vez a pase de Moha, acabó golpeando a los azulgrana, superados por los hombres de refresco de Osasuna, indesmayable en su acoso hasta atrapar el empate final.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003