Opta el Valencia por los pequeños pasos y ayer dio uno muy corto en Balaídos, donde sin Baraja ni Aimar aceptó un empate que le sirve para mantener al Celta a distancia y el liderato a tiro. Tuvo el partido del Valencia algo de premeditado, como lo demuestran los cinco cambios que introdujo Rafa Benítez respecto al último partido frente al Roma, en la Liga de Campeones, o la entidad de su banquillo. Suficiente para frenar al Celta de Miguel Ángel Lotina, un grupo creado para defenderse y que no supo por dónde hincar el diente a un rival dominado por el conformismo.
En sólo dos minutos, los que fueron del siete al nueve, el partido estaba despachado. Un fallo defensivo aquí y otro enfrente y se acabó. El primero en descuidar su defensa fue el Celta, que dejó a Carew solo en el segundo palo durante una eternidad hasta que Mista fue capaz de meterle el balón por encima de Cavallero. Y le siguió el Valencia con un remedo del primer gol que le encajó Totti el miércoles, en Mestalla, con un despiste en la vigilancia de Edu de los que no eran habituales en Ayala.
CELTA 1- VALENCIA 1
Celta: Cavallero; Velasco, Cáceres, Berizzo, Sylvinho; Ángel (Juanfran, m. 84), Luccin, José Ignacio; Edu, Jesuli; y Catanha.
Valencia: Cañizares; Reveillere, Ayala, Pellegrino, Carboni; Albelda, De los Santos (Baraja, m.81); Carew (Sánchez, m. 81), Angulo, Killy González; y Mista (Aimar, m. 68).
Goles: 0-1. M. 7. Centro de Mista desde la izquierda que remata Carew, solo, en el segundo palo.
1-1. M. 9. Jesuli saca una falta desde el lateral del área y Edu remata sin oposición.
Árbitro: Muñiz Fernández. Amonestó a Carboni, Cáceres, Carew, Albelda, Luccin, Ayala y Réveillère.
Unos 15.000 espectadores en Balaídos.
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El gol de Edu fue un retrato del Celta, cuya única estrategia ofensiva se juega a balón parado. Por lo demás, se podrá decir del equipo celeste que es voluntarioso o lo difícil que es crearle ocasiones, pero no que se despeine en el ataque. Y eso que ayer se le escapaba el tren más directo hacia la Champions. Se podría esperar un ataque en masa de los vigueses, pero el único suplente que ingresó en el campo fue Juanfran, un defensa que chirría en el volante izquierdo.
Juega ahora el Celta con tres centrocampistas defensivos, lo que deriva en un desprecio absoluto por las bandas y en una presencia nula en el área de su rival. No fue extraño que su dominio de la pelota fuese directamente proporcional a la ausencia de ocasiones de gol.
Tampoco anduvo sobrado de oportunidades el Valencia, con su columna vertebral comiendo pipas en el banquillo. El equipo de Benítez echó en falta tanto el ascendiente de Baraja sobre sus compañeros como la conexión con la delantera que le ofrece Aimar. Hasta el descanso, Carew se neutralizó en la banda derecha, detrás del veloz Sylvinho, mientras que Angulo, que se movió por todo el frente del centro del campo, no encontró la manera de engancharse a Mista.
El partido se estranguló en el centro del campo, del que ninguno de los dos equipos logró encontrar salidas hacia el área. No le fue mejor al Valencia en la segunda mitad, cuando Carew se fue al área y Angulo se afincó en la banda. No se pareció ni de lejos al equipo que abre el campo y busca la línea de fondo con Rufete y Vicente. Muy al contrario, apareció por Balaídos un grupo atornillado al centro del campo, en el que Albelda y De los Santos, desorientados, desperdiciaron la tarde sin encontrar un auténtico sentido al encuentro.El mal partido puso en limpio el papel que ha asumido el Celta esta temporada. Lo único claro que tiene el equipo es su complejo de inferioridad, impensable en los últimos años incluso frente al Valencia. Ha llegado el equipo de Lotina a la conclusión de que su Liga no se juega entre los cuatro primeros puestos y busca acomodo en un nivel inferior, donde se va manteniendo con resultados superiores a su fútbol. Podría lamentar la ocasión perdida, pero seguro que se conformará con agradecer el indulto de un Valencia en su versión menor.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003